De hecho, los escritos de Trotsky sobre China, específicamente su caracterización del Ejercito Rojo de Mao Zedong en los años 30, fue brillantemente acertada. Planteando que éste fue el eco rural de la revolución obrera derrotada en 1925-27. Los ex comunistas que estaban dirigiendo ese movimiento, dice él, generaron durante un periodo cierta sospecha y hostilidad hacia la clase trabajadora, aunque fueran victoriosos y entrasen a las ciudades. Esto fue debido a que estaban condicionados a la existencia rural de las masas campesinas en las cuales se basaban socialmente. ¿Acaso no fue lo que aconteció cuando el Ejercito Rojo derrotó al Kuomintang y tomó las mayores ciudades de China? Antes de que ocuparan las ciudades hicieron un llamado para que las masas no se levantaran, advirtiendo que las huelgas podrían ser castigadas. No habían soviets ni organizaciones independientes de la clase trabajadora o incluso del campesinado en estos sucesos. Trotsky defendió la posibilidad que, como todos los movimientos campesinos a través de la historia, el Ejercito Rojo Chino podría obtener la victoria y derrotar al Koumintang pero permanecería dentro de la estructura del capitalismo. Esto podría resultar en la configuración de una nueva dinastía que llegaría a degenerar en un régimen feudal burgués, entonces el proceso de oposición revolucionaria campesina podría comenzar nuevamente.
Los eventos en China no ocurrieron de esta manera a causa del equilibrio de las fuerzas mundiales manifestadas en China. Crónicamente débil, la burguesía y los grandes propietarios de tierras salieron de China junto a los ejércitos derrotados de Chiang Kai Shek. El vacío que quedó fue ocupado por Mao representando a una camarilla Bonapartista y la cabeza de un ejército victorioso. Esta camarilla maniobró entre las clases pero es obligada por la presion desde abajo a tomar el camino de la expropiación a los terratenientes y del derrocamiento del capitalismo. En ninguna parte Trotsky escribe lo que Lowy sugiere; que el campesinado y particularmente las capas mas bajas; los campesinos pobres, etc., fueran impermeables a las ideas del socialismo.
Incluso durante
Marx y luego Trotsky describieron las limitaciones del campesinado y su carácter disperso y estratificado como clase y que este no seria capaz de jugar un rol independiente. No obstante puede y debe jugar un necesario y vital papel en el apoyo al movimiento revolucionario industrial de la clase trabajadora urbana en la toma del poder.
Indudablemente, donde la clase trabajadora es minoría en la sociedad y ante un clásico levantamiento de la clase trabajadora, este debería ser complementado con una “segunda edición de la guerra campesina”, un movimiento de campesinos que incluso contenga elementos de guerrilla.
El CIT siguiendo el método de análisis de Trotsky realiza sin embargo claras diferenciaciones. Los métodos utilizados en el campo entre la población rural, como auxiliar al movimiento de la clase trabajadora en las áreas industriales, son diferentes de los métodos de lucha utilizados por los trabajadores.
Esto debería ser el ABC básico para los marxistas y en especial aquellos que reivindican el trotskismo. Lamentablemente el SU-CI sobre esto y otros asuntos es responsable de retrocesos teóricos. En la práctica este tipo de errores puede llevar a desastres en el futuro si una organización con esta posición tiene la intención de influir en el movimiento de masas.
Lo mismo se aplica a la caracterización que el SU-CI hace de lo que llaman “regímenes burocráticos”. Argumentando que siempre fueron críticos a regímenes como
Nos opusimos, por ejemplo, a la teoría del SU-CI de que Tito era un “Trotskista inconsciente”, esta política involucraba el envío de “voluntarios” a Yugoslavia cuando Tito se enfrentaba a Stalin en 1949. Sin embargo Tito fue un estalinista nacional que había entrado en conflicto con el régimen de Stalin no por el carácter de su régimen (que de hecho había sido modelado en Moscú) sino como una expresión de la oposición nacional de la burocracia yugoslava ante el “gran hermano” en Moscú.
La misma aproximación fue adoptada por el SU-CI en el tiempo de la disputa Chino-Soviética a fines de los años 50 y principio de los 60. En aquel momento, Mandel creía que una “revolución anti-burocrática”, es decir una revolución política no era necesaria en China pues el régimen de Mao era un estado obrero relativamente sano con leves deformaciones burocráticas. Tal posición es insostenible hoy, dado las revelaciones y de hecho los crímenes cometidos por Mao y sus súbditos para suprimir las demandas de las masas chinas por derechos democráticos básicos.
En relación a Cuba, el mismo acercamiento erróneo fue empleado por los dirigentes del SU-CI. Esta revolución fue un enorme golpe para el imperialismo. El CIT, tal como el SU-CI, apoyó entusiastamente esta revolución. Reconocimos el impacto masivo que tuvo para el mundo y poderosamente para América Latina y el mundo neo-colonial. Sin embargo los orígenes de
No obstante los trabajadores no poseían y todavía no poseen medios para ejercer el control y el poder de manera independiente; no existió, ni existe el derecho a reclamar ante el gobierno, ni elecciones para elegir representantes genuinos de los trabajadores, no hay limites claros para la diferencia salarial entre aquellos que estan en las cúpulas y los trabajadores de base11.
Hemos defendido permanentemente a Cuba de los ataques del imperialismo, pero al mismo tiempo hacemos un llamado por la instauración de una real democracia de los trabajadores como la única garantía capaz de movilizar el apoyo –en la propia Cuba, en América Latina y a través del mundo- contra el terrorismo del imperialismo y sus intentos por retornar a Cuba al capitalismo.
Es incorrecto plantear hoy, como lo hace una resolución adoptada en el 15º Congreso Mundial del SU-CI en el verano del 2003, que plantea: “Nosotros siempre hemos combatido los regímenes burocráticos que se reivindican socialistas mientras mantenían regímenes opresivos contra el pueblo y los trabajadores en nombre de los derechos de auto-organización, de auto-determinación y de democracia de los trabajadores”. A pesar de parecer simple para los dirigentes del SU-CI concluir esto ahora, claramente no fue lo que aconteció en los casos citados arriba. Es más fácil, después del hecho, cuando el carácter de los regímenes se fue mostrando claramente burocrático, realizar este o aquel tipo de crítica.
El SU-CI, desde el inicio de la revolución cubana nunca tuvo un claro análisis trotskista, que incluía el apoyo a las medidas anti-imperialistas y anti-capitalistas tomadas por Castro y el establecimiento de una economía planificada con enormes beneficios para el pueblo cubano, comparado con el desacreditado régimen de Batista.
El SU-CI hizo esto, pero al mismo tiempo se rehusó a hacer un llamado por la construcción de soviets y todas las otras demandas esenciales para el establecimiento de un estado obrero sano y para dar inicio a un movimiento hacia el socialismo.
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