Capítulo 12: El partido revolucionario hoy

Posted by Biblioteca Socialista Revolucionaria On viernes 17 de julio de 2009 0 comentarios


Con los errores del SU-CI en Francia y en otros lugares, esta organización dejo fuera principios fundamentales de una organización revolucionaria, rechazando la concepción de partido revolucionario y de Internacional revolucionaria que Lenin y Trotsky habían defendido. Por el contrario, han favorecido formaciones más amplias como Rifundazione Comunista (RC) en Italia o el Scottish Socialist Party (SSP) en Escocia.


Esta claro que no es suficiente, en el actual periodo, marcado por la globalización capitalista y el post-estalinismo, simplemente repetir formulas ya desgastadas del pasado y esto es cierto tanto a nivel organizacional como en el terreno de las ideas políticas.


Para explicar la necesidad de la organización, ha sido particularmente importante tomar en cuenta las sospechas y el rechazo que despierta en las nuevas generaciones una organización autoritaria. Entre estos sectores hay una clara reacción contra el carácter burocrático tanto del estalinismo como de la ex-socialdemocracia que, de cualquier manera, a nivel organizacional imita los métodos del estalinismo.


Esto a veces toma la forma de un rechazo radical a toda “organización” en general y al concepto de “partido” en particular, así como de la “política”, principalmente la política burguesa. Los marxistas deben tomar en cuenta esta situación, pero lamentablemente en algunos casos este proceso ha demorado y tenido como consecuencia un intento por adaptar de una manera oportunista los sentimientos pasajeros y transitorios.


Para el SU-CI, esto ha significado un rechazo a las experiencias del pasado, tanto de su propia organización como de las contribuciones teóricas de Trotsky o del trotskismo de cara a las luchas de la clase trabajadora actualmente. Como ejemplo, tomemos los escritos de Daniel Bensaid, uno de los teóricos de la LCR de Francia, la sección mas conocida del SU-CI, que comenta sobre lo que fue según él; “una de las características mas debatidas del Leninismo; el Centralismo democrático”13.


En la década de los 90 los marxistas estuvieron y estan aun hoy, bajo feroces ataques. El CIT estuvo preparado para debatir la concepción de partido de Lenin, el carácter del partido que fue construido en Rusia y sus aplicaciones en la lucha actual de los trabajadores. El aspecto centralista fue indudablemente enfatizado por Lenin y por los Bolcheviques debido a la fuerte lucha dada contra la dictadura zarista. Pero al mismo tiempo el Bolchevique fue un partido extremadamente democrático, el partido de masas de los trabajadores más democrático de la historia.


Sin este elemento –el centralismo democrático- totalmente desarrollado en el periodo de febrero a octubre de 1917, la clase trabajadora y sus sectores mas avanzados no hubiesen encontrado un lugar dentro de aquel partido. Ni podrían las masas haber brindado su esperanza y apoyo a los Bolcheviques, que lideraron la Revolución de Octubre.


En cierto momento de la década del 90 el CIT dio cuenta de los prejuicios contra la idea del centralismo democrático, distorsionado por la herencia del estalinismo -y su centralismo burocrático-, proponiendo utilizar en su lugar la frase “unidad democrática”. Sin embargo, luego quedo claro que el termino tendía mas a confundir que a clarificar. Restaurando el concepto de Lenin que, explicado con propiedad, refleja lo que la clase trabajadora en la lucha demanda de su organización.


Las organizaciones obreras necesitan y demandan el máximo de democracia, particularmente en el periodo actual cuando la clase capitalista promueve alrededor del mundo ilusiones en la democracia burguesa y donde al mismo tiempo concentran y centralizan cada vez mas su poder económico y el de su maquina estatal.


Concepciones espontáneas, semi-espontáneas y anarquistas de organización, contra esta fuerza concentrada de los capitalistas, no solo son inadecuadas sino que pueden ser fatales en las luchas que dará la clase trabajadora en la próxima década. Un partido genuinamente revolucionario, centralizado y democrático no es igual al modelo estalinista, de centralismo autoritario y burocrático dominado en la cúpula por auto-proclamados dirigentes y un partido de castas. En el periodo actual este modelo ha sido imitado por las direcciones de la ex-social democracia, como el Nuevo Laborismo de Blair o el Partido Socialista de Chile. Estos no son partidos democráticos sino burocráticos y una pesadilla si se compara a lo que eran 20 años atrás, cuando eran por lo menos un vehículo para las luchas de los trabajadores en Inglaterra o Chile.


La nueva generación de jóvenes y trabajadores no quieren un partido rígido y controlado, en el cual los dirigentes sean omnipresentes y omniscientes. Por ejemplo, un nuevo partido de masas de los trabajadores necesariamente tendría que tener algo de los rasgos que poseían los partidos obreros en su periodo de formación o en sus “mejores días”. Es decir, debería tener un carácter amplio y federalizado –debido a los distintos sectores que representaban inicialmente- y estaría abierto a todos aquellos que estuviesen dispuestos a luchar sobre un programa socialista básico.


Un partido revolucionario no es una formación transicional, como sí seria el caso de un nuevo partido de masas de los trabajadores. Y representa el agrupamiento de las fuerzas revolucionarias más concientes, que entienden la necesidad de crear el embrión de un partido combativo que pueda tener proporciones de masas en un estado posterior.


Tales partidos revolucionarios, hoy no serian estrictamente el patrón del concepto de Lenin para Rusia en la primera parte del siglo XX. Este partido revolucionario tomaría prestado mucho del ejemplo del Partido Bolchevique, pero sumaria a estas experiencias del pasado los métodos y tradiciones democráticas de la clase trabajadora de cada país.


A través de que debates y discusiones y como podría llevarse a cabo este proceso internamente, que espacio se daría a las minorías organizadas dentro del partido y como éstas serian expresadas no solo interna sino públicamente, son cuestiones que serán debatidas y discutidas en el curso de la creación de tales partidos. Pero un hecho es absolutamente cierto, mientras son necesarios el máximo de democracia y discusión, también será necesario actuar unidos cuando una decisión es tomada.


Este concepto elemental es comprendido, por ejemplo, por todos los trabajadores envueltos en una huelga, donde la decisión de la mayoría impone disciplina a la minoría y esta tiene que aceptar las decisiones y actuar en conjunto. Es fundamental no tener diferencias cuando el partido revolucionario debe actuar en la escena política.

Esta aproximación sobre la construcción del partido fue lamentablemente abandonada por el SU-CI y reemplazada por un concepto que involucra virtualmente “cualquier cosa”, y significa un gran retraso a nivel de organización. Lo mismo se aplica al problema de una nueva Internacional de masas. ¿Cuál seria el carácter de dicha Internacional y como será construida? La respuesta del SU-CI es dejar fuera las verdaderas lecciones de la contribución de Lenin y Trotsky sobre este asunto.


Lamentablemente el SU-CI cedió de forma oportunista a las presiones de la década de los 90 y dejaron esto para la primera parte de este siglo. Esto se clarifica cuando se examina el balance que los dirigentes del SU-CI esbozaron sobre las experiencias pasadas, el carácter del partido y de la Internacional que se requiere en la era moderna.


En el reciente Congreso Mundial del SU-CI, los dirigentes defendieron “La constitución de una nueva fuerza militante internacionalista, pluralista, revolucionaria, con impacto de masas”. Ellos explican: “Esta afirmación implica una significativa revisión de lo que la Cuarta Internacional puede llevar a cabo. Esto no es “el Partido Mundial de la Revolución Socialista” (un objetivo adoptado al momento de su fundación) ni tampoco el núcleo central de tal partido a futuro. Los 65 años que nos separan de esta proclamación no fueron marcados por un proceso de unificación de las fuerzas revolucionarias sino más bien por rupturas, grupos divididos y desavenencias. Somos una corriente trotskista entre las otras, una corriente revolucionaria entre las otras. No existe mas un periodo en que le bastaba a la Cuarta Internacional tener la perspectiva para ser presentada frente al proceso revolucionario con la ayuda y el esfuerzo militante, junto al análisis correcto y a una exitosa batalla dentro del movimiento trotskista”14.


En otros documentos, el SU-CI plantea que el modelo que ellos desean es algo similar al de la Primera Internacional. Es verdad que el CIT, en discusiones con el SU-CI y otros a principios de los 90, sugirió que a la luz de la nueva situación puesta para el movimiento trotskista y el movimiento obrero, en general, una organización internacional o un foro similar a la Primera Internacional podría jugar un papel importante. Esto podría ayudar al proceso de clarificación teórica, iniciando las bases para un trabajo común, etc., sin embargo nosotros nunca percibimos esto como el objetivo y el fin último de los marxistas revolucionarios. Lo planteamos como una organización transitoria –como Marx y Engels entendieron originalmente la Primera Internacional- para dar paso una organización posterior mucho más sólida ideológicamente y basada en las ideas del socialismo científico.


Retomar el concepto de la Primera Internacional como un modelo histórico definido para la clase trabajadora de hoy es una equivocación. Si tal organización se levantara participaríamos pero no podríamos disolver nuestras fuerzas, manteniendo nuestras ideas y programa, así como nuestra organización dentro de esta formación.


En otras palabras, con la concepción de nuevos partidos de masas de los trabajadores a escala nacional, una Internacional como esta no constituye, como afirmó Tony Benn (una figura de izquierda en Inglaterra) una “Quinta Internacional”. Esto deberá ser una reunión de diferentes organizaciones bajo una forma de organización federada que pueda permitir colaboraciones, discusiones y acciones comunes. Por lo tanto no seria –dicha Internacional- un fin en sí mismo, en el sentido clásico que los marxistas y trotskistas lo entienden.


Esta claro que el SU-CI desechó la idea de una Internacional, dejando de lado este nombre por el momento y planteando que debería ser el “Partido Mundial de la Revolución Socialista”. El SU-CI sostiene que seria “el núcleo central de dicho partido” o Internacional. La justificación para esto esta en las llamadas “fallas” del concepto original de una Cuarta Internacional revolucionaria de masas. Como mostraremos en el próximo capitulo, el fracaso de dicha Internacional en su desarrollo fue a causa de realidades objetivas al inicio de la Segunda Guerra Mundial, junto con los errores de los dirigentes del SU-CI (después de la muerte de Trotsky) en periodos claves del siglo XX. El CIT nunca ha creído que la realización de la idea de Trotsky de una Internacional de masas sería conseguida sólo “por el esfuerzo militante, un análisis correcto y una batalla exitosa dentro del movimiento trotskista”15.


Una nueva Cuarta Internacional revolucionaria sería producto de una claridad de ideas, que tomaría como punto de partida los métodos de Trotsky y de la Oposición de Izquierda Internacional, continuamente actualizado y reformulado junto a la suma de las nuevas fuerzas de masas. La precondición para esto es el surgimiento de una nueva generación de jóvenes y trabajadores que, a través de la experiencia, verán la necesidad de dicho partido revolucionario.

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