Capítulo 3: Primera etapa de la rebelión global

Posted by Biblioteca Socialista Revolucionaria On viernes 17 de julio de 2009 0 comentarios

El movimiento contra la globalización capitalista representa la primera etapa de esta rebelión internacional contra el sistema capitalista mundial. Su gran mérito es haber movilizado por primera vez a millones de personas en acciones conjuntas y especialmente a jóvenes. No todos aquellos que participaron en el movimiento se oponían al capitalismo de una manera consciente, muchos inicialmente estaban protestando contra los “efectos” del capitalismo en los niveles de vida, el medio ambiente, la creciente militarización, las guerras y el futuro monstruoso que este sistema significa para la humanidad.

Hasta ahora el movimiento obrero y la clase trabajadora en general habían participado en este movimiento anticapitalista en una posición subordinada y no aparecía como una fuerza independiente y con sus propias banderas políticas. Esto se debe principalmente al papel de las derechistas direcciones sindicales que apoyadas obviamente por los líderes de los ex partidos obreros en Europa y otras partes del mundo ahora se han convertido -en su mayoría- en verdaderos baluartes del capitalismo mundial.


No obstante, es erróneo sobreestimar este movimiento (antiglobalización) y su real influencia, pero no hay duda que son una anticipación de los futuros movimientos de masas de la clase trabajadora. La organización y acción de los trabajadores será mas consciente de las barreras al progreso que significa el capitalismo e instintivamente levantaran demandas clasistas como la mejor solución a los problemas del mundo.


El movimiento anticapitalista ha conducido su oposición contra varias instituciones del capitalismo mundial, como el FMI y el Banco Mundial. Esta lógica proviene de la política que plantean muchos líderes de este movimiento que creen que no es posible dirigir un ataque frontal sobre el capitalismo y, por lo tanto, canalizan la crítica sólo a algunos aspectos del capitalismo moderno. Algunos, como George Monbiot, son punzantes críticos del Banco Mundial, el FMI e incluso de la ONU. Señalando lo estéril que resulta plantear reformas serias a estas instituciones, como sugieren algunos en el movimiento anticapitalista, pero dicho esto, no va más allá en su crítica. Monbiot retrocede y, en efecto, sólo plantea soluciones dentro de los límites del sistema.


Este movimiento, sin embargo esta pasando por una nueva fase en la cual Monbiot y otros en la dirección se muestran vacilantes. En el futuro esta actitud se ira pronunciando. Porque muchos activistas estan buscando un programa e ideas que puedan establecer un mundo nuevo alternativo, real, que no puede ser un programa capitalista renovado, sino que debe tener un contenido socialista.


El movimiento de masas contra la guerra en Irak tuvo como efecto cambios profundos en la conciencia en todos los sectores de la sociedad y particularmente entre los jóvenes. Los marxistas siempre han planteado que la guerra es la partera de la revolución. Por ejemplo la revolución rusa de 1905 fue precedida por la guerra Ruso-Japonesa y la Revolución Rusa de 1917 por la Primera Guerra Mundial.


A pesar de la resistencia de las masas iraquíes a la ocupación, la guerra en Irak aun no ha desembocado en una revolución, aunque ésta potencialmente puede convertirse en el inicio de una. En la perspectiva de millones que se han radicalizado bajo estos sucesos convulsivos esta resistencia en algún punto se convertiría en una revolución o el inicio de ella y en las mentes de muchos que ven la necesidad de cambios se levanta la idea del socialismo.


Como llevar a cabo este “nuevo mundo” reclamado por crecientes sectores del movimiento es una cuestión clave. La historia hace mucho y en el pasado reciente ha demostrado que esta voluntad no puede ser lograda de una forma total o parcialmente espontanea. El siglo XX estuvo marcado por heroicos movimientos de la clase trabajadora y levantamientos revolucionarios que llegaron a derribar el poder de los capitalistas. Y en algunos casos el poder se le escapó de las manos a la clase trabajadora, esto fue el caso en España 1936-37 donde inicialmente cuatro quintos del país estaba bajo el control de la clase trabajadora. En Chile bajo Allende en 1973, 40% de la tierra y de la industria fueron nacionalizados; mientras que en Portugal en 1975 un movimiento de masas obligó al gobierno a nacionalizar los bancos y el 70% de la industria. El fracaso de la clase trabajadora en mantener el poder no fue debido a su 'inmadurez' política, sino a causa de la dirección de sus propias organizaciones, de sus dirigentes que a la cabeza del movimiento socialista, de los partidos reformistas y comunistas fueron una barrera para el triunfo de la clase trabajadora. En muchos casos estos dirigentes entregaron de vuelta el poder a los capitalistas en lugar de defender una solución para las necesidades y reclamos de los trabajadores mediante la revolución.

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