Capítulo 8 : Trotsky y el partido revolucionario

Posted by Biblioteca Socialista Revolucionaria On viernes 17 de julio de 2009 0 comentarios

Tomemos por ejemplo la cuestión sobre la necesidad de un partido. Francois Vercammen, Secretario del SU-CI escribió un articulo titulado: “La cuestión del partido: el punto débil de Trotsky”. Vercammen comenta: “Su punto débil fue el problema del partido... Trotsky no tuvo capacidad (1903-1917) o la oportunidad (después de 1917) de participar directamente en la construcción de un partido revolucionario en sus principales aspectos (sacando análisis generales y perspectivas), a saber, la elaboración e implementación de una línea política y tácticas concretas, un trabajo colectivo dentro de una dirección central, la construcción de un aparato político-organizacional y trabajo en común con otros militantes y dirigentes. Y en general la implementación de una dialéctica interna que priorizara la experiencia de los militantes del partido y la elaboración de una línea. Entre 1903 y 1917 habiendo roto con Lenin, no intentó organizar una corriente o un partido (confinándose a sí mismo a una actividad como periodista u orador)”5.


Una increíble incomprensión de la posición de Trotsky dentro del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR), una crítica hacia Trotsky que reflejaba el intento frustrado de la burguesía por una explicación “sociológica” de la revolución. Esto a su vez, es el reflejo de la difamación hecha por los estalinistas. La debilidad de Trotsky no es aquella puesta por Vercammen, es decir una incomprensión de la necesidad o del carácter del partido en aquella fase. La observación de Vercammen acerca de “análisis y perspectivas generales” ignora la mayor contribución de Trotsky al éxito de la revolución socialista, en su monumental trabajo, el libro “Resultados y Perspectivas”, en el cual explica y desarrolla la “Teoría de la Revolución Permanente”. En esta, Trotsky, anticipa correctamente todas las fuerzas envueltas en la primera y segunda Revoluciones Rusas y, en particular, el papel decisivo de la clase trabajadora como fuerza principal en alianza con el campesinado, que le permitió a ésta la toma del poder en octubre de 1917.


El error de Trotsky –admitido abiertamente por él, en su “Diario en Exilio” - no fue la cuestión del partido, la necesidad de dicho partido o el carácter de tal partido, etc., sino su “conciliacionismo” o su esperanza de una reconciliación entre Bolcheviques y el Mencheviques, de 1907 a 1912. Él esperaba que, como en la revolución de 1905, Bolcheviques y Mencheviques se verían obligados a unirse debido a la presión de las masas y en esta posición no estaba solo. Las filas del partido Bolchevique pusieron tanta presión sobre Lenin que en varias ocasiones entre 1906 y 1912 fue obligado a iniciar negociaciones para la unidad con los mencheviques. Además, Bolcheviques y Mencheviques estaban unidos en organizaciones comunes en varias partes de Rusia (excepto Petrogrado), hasta septiembres de 1917.


A diferencia de estos singulares “bolcheviques”, Trotsky nunca tuvo ilusiones políticas en los mencheviques, al contrario, divergió radical y agudamente con sus programas y perspectivas políticas. Por lo tanto, en la caracterización política de los mencheviques, Trotsky estaba junto a Lenin. Reiteramos que donde Trotsky erró no fue en la cuestión del partido si no en la ilusión de que, bajo la presion de las masas, ambos brazos del POSDR serían obligados a juntarse aceptando los principales lineamientos en su aproximación a la revolución, principalmente sobre la revolución permanente y la estrategia y táctica que surgiría de esto. Lenin, por otro lado, entendió primero y más claramente que los Mencheviques ya se habían acercado a las concepciones de la pequeña burguesía y de la burguesía en torno a la revolución que venía.


A pesar de esta percepción de Lenin, Trotsky estuvo más certero en su análisis de la revolución y, particularmente del análisis de la clase trabajadora como principal agente conductor en la toma del poder del proletariado; atrayendo tras de sí a las masas campesinas. Es un hecho histórico que Lenin en efecto abandona la 'formula algebraica' de la “dictadura democrática del proletariado y del campesinado” después de la Revolución de Febrero, y en la práctica adopta totalmente la posición de Trotsky.


No había ninguna diferencia fundamental entre Lenin y Trotsky en sus aproximaciones, tácticas, estrategia, etc. para la revolución. Lo mismo no puede ser dicho de Stalin, Kamenev o Zinoviev. Vercammen escribió, absurdamente que: “Fue la determinación de Lenin en conectarse con el movimiento real en Rusia, combinado con la sucesión de coyunturas socio-políticas complejas, lo que creó y arraigó al partido Bolchevique en la sociedad (urbana) Rusa. Esta fue la política de Lenin que fue determinante y no su 'concepción' del partido, como es comúnmente comprendido (Centralismo Democrático, Programa General)... Fue la debilidad de la política de Trotsky la base de su derrota a nivel organizacional. Se puede seguir esto de la siguiente manera: antes de 1917, su capacidad extraordinaria por comprender el significado en las tendencias de la época y de esbozar perspectivas estratégicas no le permitieron desarrollar una política revolucionaria (él fue incapaz o estuvo poco dispuesto a crear un colectivo militante). Su debilidad en el partido esta localizada en este marco.”


Sostenemos que Trotsky en vez de Lenin tuvo perspectivas más claras de las fuerzas y de los efectos de la Revolución Rusa. Vercammen alaba la política razonablemente correcta de Lenin con relación a 1917- pero todavía habla de la “debilidad política de Trotsky”. Y todo esto, que durante mucho tiempo hemos defendido contra los Estalinistas, es parte de una llamada “defensa” de Trotsky!


Las raíces de este reciente criticismo en torno a los llamados errores de Trosky vienen de la propia incapacidad del SU-CI de construir organizaciones importantes en el pasado. Vercammen habla sobre los errores de su propia organización en 1965-68, y compara esto al período que va de 1895 a 1914, cuando Lenin fue capaz de establecer las líneas del partido revolucionario que maduró y tomó el poder en octubre 1917.


Lamentablemente, Vercammen no comprende el carácter general del periodo de 1965-68 y sus diferentes coyunturas. El Estalinismo y la Socialdemocracia, argumenta él, comenzaron a “desintegrarse” en el periodo previo a los eventos de Mayo de 1968. Pero esta afirmación es falsa; las organizaciones reformistas y la conciencia que la acompañaba todavía en general mantenían un dominio en las mentes de las masas en aquel periodo. Para nosotros, como marxistas, los partidos de masas estalinistas y socialdemócratas eran factores objetivos, que sólo podían ser superados por los eventos.


Esto fue lo que aconteció hasta cierto punto en los revolucionarios sucesos de mayo-junio de 1968 en Francia. Sin embargo, la ausencia de un partido revolucionario de masas y dirección en esos momentos permitió que el estalinista Partido Comunista francés y los “Socialistas” reformistas tomaran el control y arruinaran el potencial revolucionario.


En Inglaterra, durante los años 70 y 80, la organización Militant (precursor del actual Partido Socialista) realizó grandes avances en Liverpool y en la lucha contra el poll tax. Como hemos explicado antes, lamentablemente el promisorio inicio para la construcción de un partido revolucionario fue atravesado por el “boom” de los 80 y claro, por el colapso del estalinismo.


La reinterpretación de Vercammen del papel de la llamada debilidad de Trotsky en los problemas de organización y del partido, etc., combinado con una sublime crítica política esconde un acercamiento impaciente al problema de levantar la construcción y el delineamiento de un partido.


Este acercamiento involucra la tarea de entender los diferentes estados y niveles de comprensión por los cuales atraviesa la clase trabajadora. Y esto quiere decir estar preparados para “nadar contra la corriente” en ciertos periodos, con el riesgo de ser acusados de sectarismo.


Pero también significa armar los cuadros de la clase trabajadora, enraizando el partido en los márgenes y en las organizaciones de la clase trabajadora –sindicatos, organizaciones sociales, etc.- aprovechando las oportunidades para crear una base de masas o parcialmente de masas cuando estas se presenten.


Increíblemente, Vercammen acusa a Trotsky de ser “indeciso y confuso (incluso después de 1905) sobre el problema del apoyo electoral a la pequeña burguesía”, evitando cualquier esfuerzo por explicar que quiere decir Vercammen con esto.


Sin embargo cuando llega a la cuestión del campesinado, ataca a Trotsky y de esta forma a uno de los principales elementos de la Teoría de la revolución Permanente de Trotsky; Vercammen argumenta: “En 1906 y en los años que siguieron, él se conforma con dos generalizaciones teóricas que traducen todos los prejuicios del marxismo europeo de aquella época (post-Marx); Históricamente el campo sigue a la ciudad y el campesinado al proletariado (industrial, urbano) porque al mismo tiempo el campesinado es incapaz de seguir una línea política autónoma y crear una organización independiente”. Aquí Vercammen también se hace eco de la crítica estalinista y de los recientes teóricos `estalinistas` del Partido Social-Demócrata de Australia, argumentando que: “Trotsky no contempla, como Lenin, la construcción de una alianza real de trabajadores y campesinos, con todas sus demandas. Por su carácter abstracto, la teoría probó ser una verdadera trampa para Trotsky”6. Esto es un simple eco del repetido argumento estalinista sobre la subestimación de Trotsky del potencial revolucionario del campesinado.

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