Capítulo 20: ¿Una Internacional o una casilla postal?

Posted by Biblioteca Socialista Revolucionaria On viernes, 17 de julio de 2009 0 comentarios
Una cuestión vital para los marxistas hoy, es la necesidad o no de construir partidos revolucionarios y el carácter de esos partidos que la clase trabajadora irá a necesitar en la lucha por superar el capitalismo y establecer un mundo socialista. El planeta es controlado por capitalistas despiadados y expertos. Sus gobiernos son dirigidos por el re-emergente imperialismo norteamericano, que aterroriza a toda la humanidad alrededor del mundo.
El periódico dominical británico, The Observer, hace algún tiempo reveló el contenido de un documento secreto elaborado por el Pentágono, que alertaba sobre grandes destrucciones ambientales. Que ocurrirían cambios climáticos que, entre otras consecuencias, podrían resultar en un “Invierno Siberiano” en Inglaterra dentro de 20 años, si la destrucción del medio ambiente continúa de esta forma.

La guerra en Irak demuestra la ambición de la burguesía de EE.UU. y Gran Bretaña en particular, pero también de Italia y España, que fueron a la caza de los recursos y las reservas de petróleo del segundo mayor productor de petróleo del Medio Oriente. La “liberación” de Irak que es de hecho una ocupación brutal y una reacción a ellos, no debilita nuestro análisis sobre los métodos agresivos y brutales del imperialismo, específicamente del imperialismo norteamericano. Los EE.UU., han gastado en armas, para su llamada 'defensa', lo mismo que gasta todo el resto del mundo junto. Esto contrasta de manera obscena con la pobreza masiva y el empeoramiento en las condiciones de vida de partes significativas del mundo y con la perspectiva de empeorar, si el capitalismo y el imperialismo permanecen.

La centralización del capital, no sólo dentro de las naciones sino a escala internacional y la colaboración entre los gobiernos burgueses contra las demandas de la clase trabajadora, - especialmente para fortalecer las políticas neoliberales - exige de los trabajadores la organización de acciones comunes para enfrentarlas. Sin embargo, si estas acciones son inmaduras y restringidas a solo un 'movimiento' opositor, como el medioambiental por ejemplo; estas serán fatalmente derrotadas.

Los masivos movimientos anti capitalistas y contra la guerra sacudieron a la elite burguesa mundial, pero sin organización estos espectaculares movimientos son incapaces de parar la guerra y mucho menos derrotar al capital centralizado.

Esto fue comprendido claramente por sectores significativos de jóvenes y trabajadores que de hecho participaron de estos movimientos. Por lo tanto, las ideas que plantean la necesidad de un partido y de una Internacional, pueden crecer rápidamente. Pero la pregunta es: que tipo de partido? y, sobre todo, cual es el papel de los marxistas y trotskistas en este proceso?

La dirección del Partido Socialista Escocés (SSP) defendió claramente la necesidad de un partido amplio, con lo que concordamos. Pero, ellos no acompañaron eso con la idea de que la mantención de un núcleo revolucionario, al que pertenecían, era todavía necesaria. El oportunismo - una adaptación al reformismo, especialmente en un período no revolucionario - nunca proclama abiertamente su abandono del marxismo y del trotskismo. Bernstein, quien revisó las ideas de Marx en una dirección reformista, planteaba incluso que estaba defendiendo las ideas y conceptos de Marx. También nuestros antiguos compañeros en Escocia aun reivindican mantener sus “credenciales revolucionarias”, sin embargo, en la práctica aplican una agenda reformista.

Sostuvimos que, inevitablemente, ellos iban a revisar oportunistamente su programa, sobre todo en torno a la cuestión nacional y la necesidad de una organización revolucionaria. Lamentablemente nuestros pronósticos estaban en lo cierto, incluso en un lapso de tiempo mucho menor del que visualizamos. Al cabo de un tiempo de organizarse como Movimiento Socialista Internacional (International Socialist Movement –ISM) al interior del SSP (Partido Socialista Escocés) la dirección de esta tendencia propuso que esta corriente debía disolverse. Sin embargo esta decisión se encontró con resistencia al interior de sus propias filas, de parte de militantes que no estaban sincronizados con este proceso.

ISM es ahora una agrupación frágil, que es parte de la dirección del SSP y que han hecho muy poco por impedir un giro oportunista hacia una posición nacionalista (apoyo a la independencia capitalista de Escocia) o por una “Europa Social”.Al contrario, ellos reforzaron ese proceso.

Una situación semejante ocurre con el SU-CI, particularmente con su mayor sección en Francia, la Liga Comunista Revolucionaria (LCR). La LCR defiende abiertamente que no es más una organización revolucionaria, en tanto se asemeja a la social democracia de izquierda, a pesar de contarse dentro de las “fuerzas revolucionarias”. Todo esto se hizo en base a una fácil y temporal popularidad conseguida mediante éxitos electorales. Esta política oportunista es combinada con una peculiar organización interna, que difiere considerablemente con las normas de una organización revolucionaria basada en el centralismo democrático. Una forma de organización interna extremadamente estática prevalece ahora en la LCR.

En el plano internacional existen las mismas frágiles concepciones de organización. El documento del Congreso Mundial del SU-CI sobre “El papel y las tareas de la Cuarta Internacional, nuevos estatutos adoptados en el 2003” plantea: “El CI (el antiguo Comité Ejecutivo Internacional del SU-CI) debe continuar jugando su papel de centro de gravedad en el continuo debate con posiciones contrarias. El debate es totalmente libre, asi como el estatuto plantea una autonomía de las secciones nacionales, a las que no se les impone ninguna obligación de defender las posiciones planteadas por la mayoría del CI. Esto es mucho más abierto, dada la presencia en el CI de organizaciones externas que contribuyen a nuestras discusiones sin ningún compromiso organizacional hacia nosotros”. En otras palabras, esta Internacional se ha convertido simplemente en un club de discusión que no impone ninguna obligación organizacional para tomar y defender las posiciones concluidas a través del debate. ¿Cuan diferente es esto de la descripción de Lenin sobre la degeneracion de la Segunda Internacional como una mera casilla postal y más encima ineficiente?

El SU-CI hoy existe sólo como una organización para el intercambio de documentos internacionales, en lugar de ser un centro internacional para movilizar a los sectores avanzados de los trabajadores y la juventud y a través de ellos a la clase trabajadora.

Una Internacional genuinamente democrática y revolucionaria no 'impone' decisiones de arriba hacia abajo, a la manera burocrática. Lamentablemente, el SU-CI hizo esto en el pasado, como lo han hecho otras organizaciones internacionales levantadas bajo la bandera del trotskismo. Los métodos de Gerry Healy y del Partido Revolucionario de los Trabajadores en Gran Bretaña vienen a la mente, como también los métodos de James Cannon y Joseph Hansen, antiguos dirigentes del SWP norteamericano.

En estos casos, cuando los dirigentes fracasan en convencer a las diferentes secciones de su 'Internacional', ellos toman generalmente medidas disciplinarias e imponen una decisión sin discusión o debate apropiado. Esto contrasta con los métodos utilizados en los primeros tiempos de la Tercera Internacional (Internacional Comunista –IC) bajo Lenin y Trotsky. La Tercera Internacional involucró a partidos de masas, como el caso de Francia por ejemplo, y realizaba un diálogo y discusiones durante un período de tiempo considerable antes de que una sección nacional fuese presionada para tomar alguna decisión.

Por ejemplo, Trotsky, en nombre de la Internacional Comunista, polemizó con el Partido Comunista Francés (PCF) durante casi dos años sobre la cuestión del “Frente Unico” en el cual el PCF inicialmente se rehusaba a participar. Solamente después de un debate considerable y con el apoyo de la mayoría de la Internacional Comunista, el Comité Ejecutivo de la IC presionó al PCF a tomar la decisión. Si así no hubiese sido, la Internacional Comunista habría pasado a ser sólo un club de discusión y no una organización internacional combativa.

Existen obligaciones en cualquier organización o partido, y por necesidad, disciplina, en cualquier partido revolucionario que merezca tal denominación. No hay derechos sin deberes y ningún deber sin derechos. Discusiones y debates plenos y la toma de decisiones por la mayoría son necesarias, pero luego las decisiones deben ser seguidas disciplinariamente. Esto debería ser un axioma para un partido revolucionario, pero no lo es para el SU-CI.

Sin embargo, en el caso de una organización federativa, transicional y amplia dicha disciplina rigurosa es inapropiada. Pero para una organización que reivindica estar bajo la bandera del marxismo y el trotskismo, formas de organización amorfas y confusas destruyen el objetivo de preparar una fuerza de masas que sea capaz, juntamente con la clase trabajadora, de superar el capitalismo y establecer el socialismo.

El hecho es que tanto el SU-CI como la dirección del SSP abandonaron esta tarea, una conquista del pasado, que es el verdadero concepto de centralismo democrático, poniendo en su lugar una forma de organización no revolucionaria y próxima a la social democracia. El SU-CI plantea la cuestión brevemente: “En una nueva Internacional, la Cuarta Internacional será una entre otras, esto involucrará definitivamente una cierta continuidad, pero la mayor característica será la refundación sobre un nuevo programa, cuya renovación, obviamente, lanzara las bases de una nueva constelación social e ideológica”.29

La autodenominación “Cuarta Internacional” es utilizada por el SU-CI y no por otras corrientes trotskistas como el CIT, que aún suscribe el concepto de Trotsky de construir una nueva Internacional de masas y revolucionaria. En todos los escritos del SU-CI, sus dirigentes citan críticas adoptadas del oportunismo político proveniente de tendencias que fueron trotskistas en el pasado, como el Partido Socialista Democrático (DSP) en Australia o de otros que aun reivindican permanecer bajo la bandera del trotskismo. Mas, eso parece no ser un problema para el SU-CI.

Históricamente, el marxismo y el trotskismo han luchado no sólo contra el sectarismo y el ultra-izquierdismo, sino también contra el oportunismo, el reformismo, el centrismo y otros abordajes diferentes del cuerpo de ideas sustentadas por Marx, Engels, Lenin y Trotsky. Mientras tanto, hoy el SU-CI declara: “Nosotros tenemos la convicción de que será a través de una colaboración sistemática con otras corrientes radicales y no sectarias, especialmente con las nuevas fuerzas y nuevos partidos, que la nueva internacional atraerá”.30

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