INTRODUCCIÓN: UN MUNDO SOCIALISTA ES POSIBLE

Posted by Biblioteca Socialista Revolucionaria On viernes, 17 de julio de 2009 0 comentarios


La Historia del Comité por una Internacional de los Trabajadores (CIT)


Por Peter Taaffe

Comité por una Internacional de los Trabajadores


Introducción al 30 aniversario


El trigésimo aniversario de la fundación del Comité por una Internacional de los Trabajadores (CIT) aconteció en abril del 2004. El Secretariado Internacional (SI) del CIT decidió, con el fin de celebrar las actividades y contribuciones del CIT al movimiento internacional de los trabajadores en los últimos 30 años, reeditar una versión actualizada y ampliada del documento “La historia del CIT”, escrito en 1997 (en español -hasta ahora- la traducción y publicación era inédita). El período posterior a su primera publicación estuvo lleno de eventos importantes, sucesos y desarrollos del movimiento de los trabajadores. El papel y la influencia que el CIT desarrolló también cambió, y en algunas regiones y países esto ocurrió de manera radical.


Hemos visto el surgimiento del movimiento anticapitalista, así como también el importante y colosal movimiento de millones de personas en oposición a la guerra de Bush y Blair en Irak. Esto fue acompañado de una lucha defensiva feroz de la clase trabajadora, particularmente en Europa, contra la ofensiva brutal del neoliberalismo lanzada por los capitalistas en contra de sus derechos y condiciones. El resultado fue una serie de huelgas –algunas huelgas generales de un día o huelgas del sector público- por todo el continente.


En vista de esto, el SI del CIT vio la necesidad de proveer una actualización de las visiones del CIT, tanto en relación a esos acontecimientos como también sobre nuestro papel, en contraste con las visiones y acciones de otros que reivindican del marxismo o el trotskismo. Así como un análisis de las políticas y programas de otras organizaciones y de que maneras estas son comparables a las del CIT. El método de hacer contrastes fue empleado por los grandes marxistas –comenzando por Marx, Engels, Lenin y Trotsky- cuando lidiaban con ideas, tendencias y organizaciones que ellos veían que no respondían a las necesidades de la clase trabajadora y del movimiento obrero.


Se debe reconocer que este método –las polémicas parecieran estar fuera de moda en el período “post moderno”, particularmente en los años 90. Las “Conversaciones” –planteamientos que pasan por debates- se tornaron una norma para los ideólogos del capitalismo y sus defensores, para los líderes de la ex social democracia y de los partidos comunistas. La superioridad del capitalismo y el triunfo del “mercado” debían ser aceptados automáticamente; las discusiones sólo eran para tomar posiciones dentro de ese contexto.


La configuración de la situación política, en tanto, sobre todo en los primeros años de este nuevo siglo, ha resultado en conflictos más intensos de lo que fue la norma en los años noventa. En este sentido, durante la guerra en Irak hubo divisiones entre los círculos de la elite de los EE.UU. y Gran Bretaña por un lado, Francia y Alemania por otro. De la misma forma, la rabia de la clase trabajadora ante las traiciones de los líderes derechistas del laborismo y de los sindicatos ha tenido como consecuencia un hambre de demandas dentro del movimiento obrero por claras direcciones y explicaciones de clase en torno al camino hacia adelante. Como siempre, la precondición para entender que métodos y organización necesita la clase trabajadora en este período esta ligado orgánicamente a la comprensión de los principales aspectos políticos de la situación. Esto, a la vez, envuelve el entendimiento de la historia reciente y los cambios, algunos de carácter extremadamente repentinos, que actualmente tienen lugar o tomarán lugar en el próximo período.


La situación en la década de los noventa se desarrolló en un terreno difícil para el CIT y para otros que permanecieron a la izquierda, en particular los socialistas y la izquierda marxista- trotskista. El colapso del estalinismo anunció un período totalmente diferente al que enfrentaron las generaciones del siglo xx; Fue la situación más difícil, en cierto modo, de los últimos 50 años. Ninguna otra Internacional trotskista entendió tan rápida y claramente las principales características de la situación que siguió tras la caída del Muro de Berlín como el CIT. Con un Muro de Berlín que tiraba abajo no sólo al estalinismo sino también a la economía planificada de Europa del Este y de la Unión Soviética.


En contraste -como veremos en el análisis de las posiciones de diferentes organizaciones- algunas actuaron como “avestruces” políticos. Enterrando sus cabezas se negaron a reconocer, aun mucho tiempo después, que estos eventos significaron una gran derrota para el movimiento obrero internacional. Algunos encararon esta situación como un “revés” pero no de un carácter decisivo. Otros lo vieron como una catástrofe histórica terrible; el socialismo y las perspectivas para la revolución socialista no sólo estarían fuera de la agenda por décadas, sino que para siempre. El CIT concluyó que el colapso del estalinismo fue una derrota y una derrota seria, pero no al nivel del período de entre guerras, cuando los regímenes fascistas triunfaron en Italia, Alemania y España, preparando el camino para la calamidad de la Segunda Guerra Mundial y sus incontables víctimas.


El colapso del estalinismo le dio la posibilidad al capitalismo mundial de juzgar al socialismo como un “fracaso histórico” (igualando –falsamente- el socialismo con los regímenes estalinistas). Esto, por una parte posibilitó la conducción de una campaña ideológica feroz contra el pensamiento socialista. Al mismo tiempo, ellos defendían con miles de argumentos que solamente el “mercado” puede ofrecer un modelo permanente para la humanidad. Esto fue resumido con el “sofisticado” argumento de Frances Fukuyama sobre “el fin de la historia”. Con esto él dedujo la siguiente idea; “el capitalismo democrático y liberal no puede ser superado”. Sería entonces, según ellos, la única forma de organización de la sociedad que hoy es posible y deseable.



Capítulo 1: Greenspan declara el triunfo de las “economías de mercado”

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El Wall Street Journal, de manera cruda, simplemente declaró a favor de los grandes “hombres de negocios” que representa y del capitalismo mundial: “Hemos Vencido!”. Incluso recientemente un portavoz del imperialismo norteamericano –procurando un tranquilizante para ellos mismos y su clase en un mundo más turbulento que la situación surgida post 1989- resaltaron las virtudes de su sistema y reprodujeron los mismos puntos.


Alan Greenspan, presidente del Banco de la Reserva Federal de EE.UU. y principal gurú económico del capitalismo norteamericano, declaró recientemente en Berlín: “Yo he mantenido por años que el debate más importante entre las teorías en conflicto sobre la organización ideal de la economía durante el siglo veinte fue resuelto, presumiblemente de manera definitiva, aquí, hace más de una década atrás como resultado del desmantelamiento del Muro de Berlín. A excepción de la Unión Soviética, las economías del bloque soviético fueron, en el período de pre guerra, similares en varios aspectos relevantes a las economías basadas en el mercado de occidente. Durante las primeras cuatro décadas de post guerra en Europa, ambos tipos de economías se desarrollaron lado a lado con interacciones limitadas. Esto fue lo máones limitadas. Esto fue lo mas próximo a un experimento controlado acerca de la viabilidad de sistemas económicos que pudieron haberse implementado.


“Los resultados, evidentemente tras el desmantelamiento del Muro, fueron inequívocamente a favor de las economías de mercado. Las consecuencias fueron grandes. El largo debate entre las virtudes de la economía organizada a través de mercados libres y aquellas gobernadas centralmente por el socialismo planificado, esta esencialmente llegando a su fin. Ciertamente son pocos los que aun sustentan un socialismo pasado de moda. Para una gran mayoría de antiguos adherentes el socialismo esta bastante diluido en una amalgama de equidad social y eficiencia de mercado, a veces llamada socialismo de mercado. El veredicto sobre la rígida planificación centralizada fue dado y apreciado en general como algo irrestrictamente negativo. Esto no fue un elogio para la planificación centralizada; dejando atrás su defensa una gran mayoría de naciones desarrolladas cambiaron rápidamente del socialismo hacia economías mas orientadas por el mercado.” 1


Sin embargo, contra el escenario de una amenaza seria de la economía mundial y la catástrofe a consecuencia de la invasión y ocupación de Irak, estos comentarios de Greenspan son sólo destellos en la oscuridad para mantener el espíritu de la clase dominante que él representa. Sus comentarios pertenecen a un período inicial de los años 90. Por un tiempo, en la década de los 90, la conciencia socialista – y principalmente la comprensión general de la clase trabajadora- indudablemente tuvo un retroceso. Sin embargo, a pesar de estar debilitada, el poder potencial básico de la clase trabajadora permaneció intacto. La relación de fuerzas de clase no quedó significativamente a favor de la clase dominante como ocurrió en los años 30.


La campaña ideológica de la burguesía, sin duda tuvo efectos materiales en la implementación de políticas neoliberales, que debilitaron los derechos y las condiciones de la clase trabajadora. Por el otro lado de la moneda en tanto, la intensificación de la globalización capitalista disminuyó las barreras nacionales, en lo que concierne al “libre movimiento de capital”, que realiza rápidas transferencias de recursos de un país y de un continente a otro. Todo esto ayudó a los trabajadores a pensar en términos continentales e incluso mundiales. En otras palabras, el capitalismo preparó las bases objetivas para un nuevo internacionalismo, manifestado en primera instancia, en un poderoso movimiento “antiglobalizacion” a fines de los 90 y en los inicios del presente siglo.


De Londres a Seattle, de Praga a los históricos enfrentamientos de Génova y Gotemburgo, en Niza, Québec, Porto Alegre, Paris y Mumbai, el inhumano y “moderno” capitalismo era rechazado en un brutal movimiento. En un principio, esto fue expresado en los cambios de visión y de acción de la gente joven, apoyados en algunos momentos por significativos sectores de los trabajadores. El embrión de esto es un nuevo internacionalismo que se identifica con la lucha del pueblo -una diferenciación de clase se verá en cierta fase- ahora en términos continentales y globales. . Karl Marx en su tiempo fue el primero en reconocer la “globalización”, el desarrollo del mercado mundial y con esto a la clase trabajadora mundial que hace posible la historia mundial. “El proletariado puede... existir mundial e históricamente, del mismo modo que el comunismo, su acción solo puede tener una existencia histórico-mundial”2. Y más adelante: “...la extensión de los mercados hacia la formación de un mercado mundial –que de hecho se hace posible y se amplia cada día más- provocaron una nueva fase de desarrollo histórico...”3.


Esto fue en un tiempo en que la interdependencia del mundo, a través del desarrollo de la división mundial del trabajo estaba en su “infancia” y, comparado con hoy, era muy invisible para las masas de la población.



Capítulo 2: Grandes movimientos de personas

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Hoy la situación es diferente, a través de Internet, de la televisión satelital con alcance mundial y sus noticias las 24 horas, los viajes al exterior, etc., la ligazón del mundo es una realidad palpable y visible reconocida por la mayoría de la población mundial. Televisión y teléfonos celulares estan cada vez más disponibles en algunas de las regiones más subdesarrolladas y pobres del planeta. Esto es una manifestación de la ley de Marx del “desarrollo desigual y combinado”: la última palabra en tecnología es alimentada por relaciones sociales feudales y semi-feudales. La tecnología es empleada en sociedades subdesarrolladas que aun no completaron la “revolución democrático burguesa, nacional y democrática”, que envuelve una reforma agraria completa, unificación del país y el desarrollo de estas sociedades en los parámetros modernos. Esta revolución fue llevada a cabo por los capitalistas en Europa hace centenares de años atrás. Sin embargo en grandes regiones de Asia, África y también en América Latina, la revolución democrático burguesa sólo puede ser llevada a cabo por el ascenso de la clase trabajadora al poder y movilizando a la población rural detrás, para de esa forma establecer el poder de los trabajadores –un gobierno de trabajadores y campesinos. Esto a su vez iría acompañado de medidas socialistas a escala nacional, continental y mundial. Esta es la esencia de la teoría de la `Revolución Permanente` de Trotsky que mantiene su completa validez hoy en los países que son mantenidos en el atraso y en la pobreza bajo el capitalismo a través de la perpetuación de relaciones sociales y económicas feudales, semi-feudales y arcaicas.


Pero la humanidad no permanece paralizada y no es condescendiente con las condiciones de estancamiento y deterioro. Los medios de comunicación a nivel mundial levantan la ilusión de una vida mejor en el mundo, pero sólo para algunos, mientras tanto se establece una creciente pobreza para la mayoría. Este mundo de consumo y abundancia que el capitalismo ofrece produce un efecto magnético para los sectores más enérgicos de la población de África, Asia y América Latina, o incluso para aquellos con recursos que quieren procurar el acceso a bienes avanzados y altos estándares de vida en Europa, en Japón y EE.UU. Estan teniendo lugar grandes movimientos de personas, emigrando desde áreas pobres y siguiendo cualquier oportunidad para escapar de esa situación o siendo sacadas de sus casas a causa de guerras y persecuciones.


La reacción de los capitalistas ante la inmigración esta llena de hipocresía y contradicciones, porque ellos estan obligados a depender de la inmigración para mantener bajos salarios, así como también para llenar el vacío del trabajo cualificado. A través del flujo de jóvenes inmigrantes, intentan compensar el envejecimiento de su población. Pero al mismo tiempo los capitalistas pretenden usar a los inmigrantes como `chivo expiatorio` por las fallas del sistema. Hablar de `Fortaleza Europea` es también un intento por sustentar la extrema derecha europea que avanza en posiciones electorales ante los principales partidos capitalistas.


Sin embargo, mientras los inmigrantes llegan a las puertas de las sociedades industriales avanzadas, un proceso opuesto esta teniendo lugar; una masiva relocalización de empleos, tanto en la manufactura como en las recientemente creadas ocupaciones de servicios, hacia China, India y otras partes del mundo subdesarrollado. Esta situación ahora incluye al Este de Europa y a Rusia. Todo esto en una escala nacional plantea la necesidad para los trabajadores, particularmente a los sindicatos, de levantar un programa con el fin de defender sus trabajos contra esta fuga perniciosa de empresas de 'outsourcing', y al mismo tiempo la defensa de los derechos laborales de los inmigrantes. Esta es simplemente la última manifestación de los capitalistas en su intento por maximizar sus ganancias. Si esto se hace a costa de la pérdida de millones de empleos, con relativamente altas remuneraciones en el sector manufacturero y reemplazándolos parcialmente con empleos temporales de baja remuneración en la llamada industria de servicios. Para poner un ejemplo del destino de los trabajadores bajo el capitalismo moderno; en España un tercio de la fuerza de trabajo esta bajo contratos temporales, con un promedio de permanencia de diez días!


La consecuencia de esto ha sido el empobrecimiento de sectores significativos de la clase trabajadora. Bien remunerados en el pasado, los trabajadores con empleos estables y con derechos conquistados fueron reemplazados por un ejército de pobres y ya no sólo sin empleo, sino en trabajadores pobres. Esto ha creado condiciones para el levantamiento de masivos movimientos por mejoras salariales de los sectores empobrecidos de la clase trabajadora. Desarrollándose casi en las mismas líneas que los trabajadores del petróleo, de los portuarios y de la industria de fósforos en Gran Bretaña durante finales del siglo diecinueve. El argumento de los grandes ‘papas’ del capitalismo es que el proceso de globalización es inexorable, no puede ser interrumpido. Según ellos, esto en última instancia beneficia a todos, creando nuevos trabajos y nuevas industrias, tanto en el mundo neocolonial como en las regiones industrializadas (en vías de desmantelamiento) del mundo.


Dígales esto a las trabajadoras de las maquilas en México, donde los patrones prefieren el trabajo femenino, usualmente madres solteras debido a que son menos capaces de resistir mediante huelgas las ofensivas del capital con recortes de salarios y empeoramiento de las condiciones laborales. Los defensores del Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) –entre EE.UU., Canadá y México- argumentan que el acuerdo significa un beneficio mutuo para los trabajadores de América del Norte y Central. Pero en lugar de esto, millones de empleos en los EE.UU. fueron relocalizados hacia México, mientras las condiciones de la clase trabajadora en México han estado lejos de ser beneficiadas, con unos empleos que a nivel general se han deteriorado.


Con esta experiencia, la idea que irá creciendo en los sectores afectados de trabajadores es la que plantea que los empleadores no pueden cerrar fábricas como un niño guarda sus juguetes o cambiar ventajas productivas de un país o continente a otro sin ninguna resistencia. La necesidad de una política común para los trabajadores en diferentes países –por ejemplo, en Europa, en el próximo período- coordinada con los sindicatos, luchando por remuneraciones comunes se ira profundizando entre los trabajadores. El mismo proceso se desarrollará en relación a los trabajadores de China, India y otros. Ellos ya estan enfrentando ferozmente al capitalismo venal recién llegado que amenaza con la súper explotación a ellos y sus familias. Este nuevo internacionalismo en el plano industrial es paralelo al del terreno político. Donde se estan realizando intentos, a tientas y vacilantes, que apuntan a una unidad internacional, continental y mundial de resistencia política. Aunque algunos intentos estan en el terreno utópico, con propuestas como las que plantea el escritor y ambientalista ingles George Monbiot, de establecer un Parlamento mundial (planteado en su libro “La era del consenso”) con el fin de fiscalizar y controlar al capitalismo. Pero que sin embargo son manifestaciones de demandas emergentes del movimiento anticapitalista, planteando soluciones políticas a nivel internacional para los problemas que existen hoy. Este proceso viene acompañado de un crecimiento en la conciencia, de enorme potencial, tanto dentro como entre las naciones, desarrollado a lo largo de los años 90.


Las diez personas más ricas del mundo, en el 2002, tenían una riqueza combinada de 266 billones de dólares. Esto es cinco veces el flujo anual de ayuda de las naciones ricas hacia las pobres. Esto es suficiente para financiar todas las llamadas metas del milenio lanzadas por Naciones Unidas, por ejemplo para revertir el crecimiento del SIDA, la malaria y otras enfermedades infecciosas; reducir la mortalidad infantil en dos tercios y disminuir en tres cuartos la mortalidad en los partos de aquí al 2015.


Las estadísticas que demuestran la escala y profundidad de la pobreza mundial han sido bastante repetidas en los medios. Gran parte de la población mundial es ahora consciente de que la mitad del globo vive con sólo 2 dólares o menos por día y un quinto con menos de un dólar diario. A pesar de la abundancia global de comida, 840 millones de personas estan catalogadas oficialmente como desnutridas. Ciento ochenta y cuatro millones de personas en el mundo estan desempleadas, esto, sin incluir quienes sobreviven con trabajos temporales, precarios, informales o subempleados. El Banco Mundial estima que 54 países, con una población conjunta de 750 millones de personas han llegado a un deterioro real de sus ingresos en los últimos 10 años. El poder real del planeta esta en las manos de 500 individuos (predominantemente hombres ricos y un ínfimo número de mujeres). Ellos controlan la mayoría de los medios de producción, la organización del trabajo, la ciencia, la tecnología, etc. Las instituciones del capitalismo mundial –Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional- apoyadas por alianzas militares como la OTAN estan subordinadas, en última instancia, a este poder que es reflejado en la llamada mano invisible del mercado. Los gobiernos nacionales son impotentes frente a los inversores, que en el nuevo capitalismo global y desregulado pueden subyugar a los gobiernos a menos que estos se comporten como perros obedientes. El propio presidente Clinton en EE.UU. fue forzado por la presión del mercado o específicamente por quienes financian la deuda norteamericana a abandonar un tibio programa de estímulos sociales en 1993. Clinton se convirtió en un Eisenhower Republicano y esto fue para satisfacer a, como el mismo Clinton señaló; “un bando de negociantes desgraciados”4.




Capítulo 3: Primera etapa de la rebelión global

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El movimiento contra la globalización capitalista representa la primera etapa de esta rebelión internacional contra el sistema capitalista mundial. Su gran mérito es haber movilizado por primera vez a millones de personas en acciones conjuntas y especialmente a jóvenes. No todos aquellos que participaron en el movimiento se oponían al capitalismo de una manera consciente, muchos inicialmente estaban protestando contra los “efectos” del capitalismo en los niveles de vida, el medio ambiente, la creciente militarización, las guerras y el futuro monstruoso que este sistema significa para la humanidad.

Hasta ahora el movimiento obrero y la clase trabajadora en general habían participado en este movimiento anticapitalista en una posición subordinada y no aparecía como una fuerza independiente y con sus propias banderas políticas. Esto se debe principalmente al papel de las derechistas direcciones sindicales que apoyadas obviamente por los líderes de los ex partidos obreros en Europa y otras partes del mundo ahora se han convertido -en su mayoría- en verdaderos baluartes del capitalismo mundial.


No obstante, es erróneo sobreestimar este movimiento (antiglobalización) y su real influencia, pero no hay duda que son una anticipación de los futuros movimientos de masas de la clase trabajadora. La organización y acción de los trabajadores será mas consciente de las barreras al progreso que significa el capitalismo e instintivamente levantaran demandas clasistas como la mejor solución a los problemas del mundo.


El movimiento anticapitalista ha conducido su oposición contra varias instituciones del capitalismo mundial, como el FMI y el Banco Mundial. Esta lógica proviene de la política que plantean muchos líderes de este movimiento que creen que no es posible dirigir un ataque frontal sobre el capitalismo y, por lo tanto, canalizan la crítica sólo a algunos aspectos del capitalismo moderno. Algunos, como George Monbiot, son punzantes críticos del Banco Mundial, el FMI e incluso de la ONU. Señalando lo estéril que resulta plantear reformas serias a estas instituciones, como sugieren algunos en el movimiento anticapitalista, pero dicho esto, no va más allá en su crítica. Monbiot retrocede y, en efecto, sólo plantea soluciones dentro de los límites del sistema.


Este movimiento, sin embargo esta pasando por una nueva fase en la cual Monbiot y otros en la dirección se muestran vacilantes. En el futuro esta actitud se ira pronunciando. Porque muchos activistas estan buscando un programa e ideas que puedan establecer un mundo nuevo alternativo, real, que no puede ser un programa capitalista renovado, sino que debe tener un contenido socialista.


El movimiento de masas contra la guerra en Irak tuvo como efecto cambios profundos en la conciencia en todos los sectores de la sociedad y particularmente entre los jóvenes. Los marxistas siempre han planteado que la guerra es la partera de la revolución. Por ejemplo la revolución rusa de 1905 fue precedida por la guerra Ruso-Japonesa y la Revolución Rusa de 1917 por la Primera Guerra Mundial.


A pesar de la resistencia de las masas iraquíes a la ocupación, la guerra en Irak aun no ha desembocado en una revolución, aunque ésta potencialmente puede convertirse en el inicio de una. En la perspectiva de millones que se han radicalizado bajo estos sucesos convulsivos esta resistencia en algún punto se convertiría en una revolución o el inicio de ella y en las mentes de muchos que ven la necesidad de cambios se levanta la idea del socialismo.


Como llevar a cabo este “nuevo mundo” reclamado por crecientes sectores del movimiento es una cuestión clave. La historia hace mucho y en el pasado reciente ha demostrado que esta voluntad no puede ser lograda de una forma total o parcialmente espontanea. El siglo XX estuvo marcado por heroicos movimientos de la clase trabajadora y levantamientos revolucionarios que llegaron a derribar el poder de los capitalistas. Y en algunos casos el poder se le escapó de las manos a la clase trabajadora, esto fue el caso en España 1936-37 donde inicialmente cuatro quintos del país estaba bajo el control de la clase trabajadora. En Chile bajo Allende en 1973, 40% de la tierra y de la industria fueron nacionalizados; mientras que en Portugal en 1975 un movimiento de masas obligó al gobierno a nacionalizar los bancos y el 70% de la industria. El fracaso de la clase trabajadora en mantener el poder no fue debido a su 'inmadurez' política, sino a causa de la dirección de sus propias organizaciones, de sus dirigentes que a la cabeza del movimiento socialista, de los partidos reformistas y comunistas fueron una barrera para el triunfo de la clase trabajadora. En muchos casos estos dirigentes entregaron de vuelta el poder a los capitalistas en lugar de defender una solución para las necesidades y reclamos de los trabajadores mediante la revolución.


Capítulo 4: Las 'Internacionales'

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Todos estos movimientos fueron instintivamente internacionalistas –buscando la salida y las soluciones a escala internacional - y provocando un tremendo apoyo de la clase trabajadora mundial.


Desde el inicio, con el poder en sus manos, la clase trabajadora procura una solución no solamente en la esfera nacional sino también a nivel internacional. La Liga Comunista fue organizada por los jóvenes Marx y Engels en la década del 40 del siglo XIX cuando la influencia del Cartismo en Inglaterra –el primer movimiento industrial político independiente de la clase trabajadora mundial- estaba aun presente. Hubo cinco intentos serios de unir el poder de movilización política de la clase trabajadora a escala mundial: la Liga Comunista, la Asociación Internacional de los Trabajadores, también organizada por Marx y Engels, la Internacional Socialista (Segunda Internacional), la Internacional Comunista (Tercera) creada luego del triunfo de la Revolución Rusa y la Cuarta Internacional de Trotsky. Todas estas organizaciones jugaron importantes papeles en el crecimiento del poder y la comprensión de los trabajadores, como explicaremos a lo largo del próximo capítulo.


Hoy, en la primera década del siglo veintiuno, cuando el capitalismo demuestra sus debilidades y, al mismo tiempo la globalización acentúa la oportunidad para un internacionalismo real y la creación de una organización internacional, a nivel mundial no existe ninguna internacional de gran inserción política de la clase trabajadora basada en partidos de masas. La tarea del CIT es ayudar a crear las condiciones para la formación de tal organización internacional. Sin embargo, esto sólo es posible en base al aprendizaje de las lecciones del pasado y, principalmente de los errores de las internacionales anteriores. Un gran paso hacia una Internacional de masas debiera ser la creación de partidos de masas a nivel nacional. Aunque la construcción de tal internacional no puede limitarse solo al establecimiento de estos partidos, un poderoso embrión para esta organización internacional debe ser creado en este período explosivo que se esta levantando. Creemos que el CIT puede jugar un papel importante en apoyar este proceso.


Sin embargo, el terreno político esta sembrado con los resquicios de fracasadas y pretendidas Internacionales. Algunas de ellas tenian raíces muy superficiales o ninguna en el movimiento real de la clase trabajadora. La mayoría de estas organizaciones esta fragmentada. La mayoría también han adoptado una posición oportunista o ultra-izquierdista. Y algunas de ellas lamentablemente se reivindican trotskistas. Explicaremos en el próximo capítulo, las razones por las cuales la concepción original de Trotsky de la 'Cuarta Internacional' lanzada en 1938 no logró ganar gran apoyo. A pesar que en algunos casos el trotskismo tuvo un efecto poderoso entre el movimiento obrero -como en Sri Lanka, Latino América, Vietnam, Francia e Inglaterra en los años 70 y 80- nunca se convirtió en una fuerza de masas. La razón de por que la 'Cuarta Internacional' no tuvo éxito fue debido a una combinación de factores y dificultades objetivas desfavorables, junto a varios errores cometidos por sus dirigentes.


Sin embargo el siglo XXI nos presenta la oportunidad para aprender del pasado. El proceso puede comenzar –algunos pasos pueden por lo menos ser dados- con el lanzamiento de los fundamentos para una nueva Internacional. Y esta tarea es principalmente política; la única justificación para intentar construir una organización política aparte de las otras, como todos los marxistas concuerdan, es la existencia de serias diferencias en torno a la política y el programa. Diferencias incidentales, secundarias, personales o incluso tácticas no son una justificación suficiente para mantener una organización distinta sobretodo cuando dicha organización esta formada por docenas, centenares o incluso miles de personas.


Por esta razón, tras la caída del Muro de Berlín y con la nueva situación abierta, el CIT exploró la posibilidad de llegar a acuerdos con otras tendencias del trotskismo en cuestiones fundamentales. Discutimos y abrimos correspondencia con el Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional -SU-CI- también conocido como la Cuarta Internacional. Tuvimos contacto y discusiones con los trotskistas de la corriente Morenista, con fuerte tradición en América Latina. Aún intentamos, desafortunadamente con muy pocos logros, trabajar en actividades comunes y en alianzas con la Tendencia Socialista Internacional (TSI), cuya sección más importante es el Socialist Workers Party (SWP- Partido Socialista de los Trabajadores) en Inglaterra. Iniciamos estas discusiones con la mente abierta y la esperanza que, como hemos dicho, estas organizaciones pudieran talvez aprender de los errores del pasado, reajustar sus políticas y a través de esto lanzar bases sólidas para el trabajo común y un posible acuerdo político sobre las tareas hacia delante.


Lamentablemente las conclusiones que la mayoría de estas organizaciones sacaron de la nueva situación mundial enfrentada por la clase trabajadora y por el movimiento marxista es distinta de la nuestra y en algunos casos de una manera decisiva. El colapso del estalinismo, simbolizado por la caída del Muro de Berlín fue uno de esos momentos decisivos de la historia que, al menos que sea apreciado correctamente, puede llevar a errores políticos, programáticos y organizativos graves. Ninguna de estas organizaciones se ajustó y entendió los principales aspectos de la situación inmediata post-estalinismo tan rápida y claramente como el CIT.


Capítulo 5: Partido Socialista Escocés (Scottish Socialist Party)

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Los “terribles años noventa” que siguieron al colapso del estalinismo son el origen objetivo del oportunismo que muchas organizaciones han adoptado. Paradójicamente esta posición también se desarrolló en el CIT -reflejada en el alejamiento del trotskismo revolucionario por parte de los líderes del que luego pasó a llamarse Partido Socialista Escocés (SSP), que inadvertidamente también vinieron a reforzar este giro oportunista. La formación y el fenómeno electoral del SSP se ha trasformado hoy en un modelo para aquellos que apresuradamente se han alejado del marxismo y del trotskismo. La decisión de los entonces dirigentes de la sección del CIT en Escocia, a fines de los años 90, de construir una formación socialista mas amplia -el SSP- representó el abandono de la tarea por construir un partido revolucionario y significó un rompimiento fundamental con el programa, con la táctica y la estrategia revolucionaria del CIT. Este proceso encabezado por personas que cumplieron roles importantes en el CIT en el pasado, como Tommy Sheridan, Alan McCombes y otros, no fue de ninguna manera algo accidental. Fue ocasionado, principalmente, por la incapacidad de mantener la defensa de un programa revolucionario frente al establecimiento de cambios dramáticos en el clima político.


La posición de estos compañeros para muchos, al principio, no parecía representar un abandono fundamental de nuestro análisis y programa. Sobre todo cuando habían sido los dirigentes del CIT y no los dirigentes de la sección Escocesa -Tommy Sheridam y Alan McCombes- los primeros en plantear la formación de un nuevo partido de masas de los trabajadores. Basándose en análisis acerca del aburguesamiento de la social democracia (Nuevo Laborismo), los partidos comunistas y la mayoría de los partidos obreros a nivel mundial. Sin embargo, los esfuerzos de Alan McCombes y Tommy Sheridam tenían el objetivo de retratar a la mayoría del CIT como si estuvieran rechazando la idea de formar un partido amplio, pero sus argumentos no tuvieron efecto sobre la mayoría de los miembros del CIT.


La objeción al lanzamiento de tal formación se debió fundamentalmente a que esto podía significar el riesgo de una liquidación de la corriente revolucionaria al interior de esta formación amplia. La dirección del CIT con apoyo de una abrumadora mayoría en este debate, correctamente anticipó la evolución política que luego tomaría la dirección del SSP. A pesar de negar que en realidad estos fueran sus deseos, predijimos el retroceso político y la liquidación final de nuestra organización en el SSP, lo que llevó a un viraje hacia el reformismo que en la práctica significó el fin de Militant Scottish Labour, el que sí era un partido revolucionario.


Al principio, cuando Tommy Sheridam y Alan Mccombes -ya dentro del SSP- formaron el International Socialist Movement (Movimiento Socialista Internacional), el proceso de liquidación no era muy evidente, pero en enero del 2003 la dirección propuso terminar el ISM; pues según ellos el SSP “estaba cumpliendo ese trabajo” (el de partido revolucionario). Esta propuesta fue congelada poco después de las elecciones parlamentarias escocesas de aquel año, pero en octubre del mismo año el asunto fue levantado nuevamente. Se acordó mantener el ISM pero había muy poco entusiasmo en construirlo, en la intención de sus dirigentes estaba la necesidad de mantener la apariencia de que funcionaban como organización debido a la oposición política que había dentro del ISM, además de la amenaza que entonces representaba este paso a la liquidación para sus posiciones frente a otras tendencias dentro del SSP, particularmente del CIT. En concreto, el ISM es la facción mayoritaria en la dirección del SSP.

Sin embargo a pesar de todo, el SSP estaba llenando parcialmente el vacío que existía en la izquierda del Laborismo y tuvo la capacidad de convertirse en fenómeno electoral y aumentó el crecimiento de su militancia. El fenómeno electoral en las elecciones parlamentarias del año 2003 tuvo como efecto, entre otros, la afiliación del sindicato RMT (Rail Maritime and Tranport Unión) al SSP.


Como consecuencia, en algunos grupos de la izquierda revolucionaria internacional esto fue visto como un modelo para construir y entregaba fundamentos para nuevos partidos de la clase trabajadora. Con fuerte énfasis se recalca la necesidad de ampliarse, pero en la práctica esto significa la disolución de las organizaciones revolucionarias en estas formaciones.


Aunque los riesgos parecían estar justificados con el fenómeno del SSP, lo que se omitía regularmente era que este fenómeno se dio sólo en Escocia. Existían condiciones concretas y específicas que no se presentaban en otros lugares, donde no era posible reproducir o copiar un tipo de partido como el SSP. Sin duda la cuestión nacional dio el formato para la situación política desarrollada en Escocia y de la cual el SSP se benefició.


El Socialist Party (Partido Socialista –sección del CIT en Inglaterra y el País de Gales) también tuvo éxito en el campo electoral logrando excelentes resultados en once elecciones a nivel local que significaron la elección y re-elección de concejales socialistas. Desde el 2001 los votos ganados en Coventry, en la campaña electoral de Dave Nellist del SP, han sido los mejores de los partidos a la izquierda del Nuevo Laborismo (New Labour) en Inglaterra y Gales. Por otra parte, mientras el SSP recibió el 5,2% de los votos en Escocia durante las elecciones europeas del 2004, el SP (CIT) en Irlanda obtenía el 5,5% en la zona de Dublín en la misma elección Europea. Estos resultados electorales en efecto reflejan que el apoyo electoral puede ser ganado sin abandonar un programa marxista y trotskista consistente.


Nosotros dimos la bienvenida y apoyamos la construcción del SSP –a pesar de las denuncias completamente falsas de su dirección sobre nuestra oposición a tal formación. Y hemos insistido en continuar construyendo una tendencia marxista claramente identificable dentro del SSP. Esto corresponde a la táctica delineada en los años 90 – la doble tarea de rehabilitar y luchar por las ideas del socialismo y al mismo tiempo la de ayudar a construir nuevos partidos de la clase trabajadora manteniendo las ideas del marxismo revolucionario al interior de estas nuevas formaciones. La dirección del SSP cumplió con la primera tarea pero abandonó la segunda, vital para los marxistas en este período. Presos de la impaciencia frente a un corto giro hacia la popularidad, ellos diluyeron las ideas por las cuales anteriormente habían adherido al CIT. Hoy ni ellos, ni nosotros, ni ninguna otra organización seria en el movimiento internacional describiría a los dirigentes del SSP como 'trotskistas' conscientes. Ellos han procurado al máximo establecer una distancia entre sus actuales posiciones y su pasado revolucionario en el Militant y del Scottish Militant Labour así como del CIT.


Capítulo 6: El abandono de la posición marxista

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Los discursos de Tommy Sheridan no son consistentemente socialistas o marxistas en su contenido, a modo de ejemplo como líder del SSP, él explica en una entrevistas para la BBC que, “hay un numero de países que han tenido una mixtura de propiedad pública e impuestos altos... como Noruega y Dinamarca, donde se administra para combinar altos niveles de propiedad pública con altos impuestos a la riqueza”. Esto implica que el capitalismo noruego y danés es el referente de un tipo de sistema que a Tommy Sheridam le gustaría ver en Escocia. Él entonces llegó a decir: “ahora, no pienso que sea necesario nacionalizar Tesco (una gran cadena de supermercados). Lo que creo necesario imponer a Tesco, son salarios y condiciones de empleo dignos. Lo que debiéramos estar haciendo es regular los negocios. Usted no tiene porque tenerlos, sólo debe regularlos” (`The Herald` Glasgow, 30 de abril 2003).


En algunas intervenciones Tommy Sheridam ha dicho: “Lo que estamos diciendo, es que en una futura, independiente y socialista Escocia, queremos trabajar por la educación y por la calificación. Queremos ofrecer una economía altamente calificada, una fuerza de trabajo motivada para los grandes negocios. Si esto funciona en Alemania y en Francia, donde hay salarios altos, mejores niveles y producción de mejores productos, ¿Porque no hacer esto aquí en Escocia?”.


Dejando de lado los deseos de Tommy Sheridam, de ofrecer a los grandes empresarios una “fuerza de trabajo altamente motivada”, mientras en Alemania muchos trabajadores ganan sólo 2 o 3 euros por hora o los trabajadores franceses que ven sus salarios y condiciones atacadas con el neoliberal programa del Primer Ministro Raffarin, no se puede considerar que ellos estan “bien pagados”! Porque sobre bases capitalistas los llamados 'altos salarios' se han transformado en cosa del pasado en Alemania y en otros lugares. En el periódico del SSP, The Óbice, Kevin Williamson, un colaborador cercano a Tommy Sheridam y Alan McCombes, publicó una posición liberal y en ningún caso clasista que plantea: “Aquellos que ven la política solamente en términos de capitalismo o socialismo todavía deben realizar serios esfuerzos para explicar como una clase controladora puede ser prevenida de llegar a una posición de poder en una sociedad post-capitalista. (Mientras tanto) el resto de nosotros necesita implementar alternativas prácticas.”


Este mismo retroceso –comparado al período en que ellos eran miembros del CIT- se aplica a la posición del SSP en asuntos internacionales. Que va del apoyo acrítico al estado Cubano de Fidel Castro, al cual describen como 'socialista' o al completo abandono de una solución socialista al conflicto Palestino-Israelí – de una Palestina socialista y de un Israel socialista dentro de la esfera de una confederación socialista de Medio Oriente. De hecho en la conferencia del 2002 del SSP, aceptaron la errónea consigna del Socialist Worker Party en torno a “un estado Palestino con derechos de minoría para los israelíes”. A pesar que esta posición fue retirada en la conferencia siguiente, en los periódicos del SSP y en declaraciones públicas de dirigentes del SSP la idea de un estado palestino con derechos de minoría para los israelíes aún aparece. Esta consigna nunca será aceptada por la población de Israel porque ello implica que su propio estado sea liquidado y serían obligados a incorporarse al 'estado Palestino'.


En el momento en que se escribe este texto, a causa de brutales medidas de represión del régimen de Sharon y sus efectos sobre la población Palestina -desnutrición y hambre en las áreas palestinas- la mayoría de los palestinos en su desesperación parecen abandonar la esperanza de una solución por 'dos estados'.


Una parte de la burguesía palestina se unió a la idea de abandonar la meta de un estado Palestino separado, dejando la lucha de los palestinos para una igualdad de derechos dentro del estado de Israel. Ellos esperan que sobre la base de factores demográficos –con una alta tasa de natalidad de la población palestina- los judíos israelíes se trasformaran en una minoría en su propio estado en diez o veinte años! Obviamente, la burguesía israelí nunca aceptara tal solución y optarán si es necesario por una evacuación forzada de los árabes israelíes y su repatriación de la zona. En otras palabras, un escenario de un conflicto sangriento interminable sería la consecuencia de cualquier solución de 'un estado'. Mientras se aplica la caricatura de una política de 'dos estados' genuinos, la propuesta de Sharon se asemeja a un “Bantunstan” para los palestinos. Temporalmente incluso la idea de una solución socialista parece retroceder, pero en el futuro resurgirá y será apoyada por la mayoría de la población de Israel y Palestina.


El retroceso político, teórico y organizacional de los ex miembros del CIT en Escocia se convierte a su vez en modelo para procesos similares que afectan a otras organizaciones que se reivindican como marxistas. Algunas de éstas aun reivindican formalmente estar bajo la bandera de la izquierda revolucionaria o del trotskismo.

Para el Democratic Socialist Party (DSP- Partido Socialista Democrático) de Australia, la Tendencia Socialista Internacional o el secretariado Unificado de la Cuarta Internacional (SU-CI), el giro de los dirigentes del SSP sirvió de inspiración para un giro a la derecha y también como un 'modelo' o el prototipo del tipo de partido que puede ser establecido en cualquier parte.


El socialismo científico desde los tiempos de Karl Marx hasta el trotskismo como expresión actual, siempre se vio a sí mismo -en palabras del Manifiesto Comunista- como “el movimiento del futuro en el movimiento del presente”. Y siempre ha estado relacionado con el nivel de conciencia y comprensión de la clase trabajadora, la tarea de los marxistas genuinos acerca de la cuestión del programa, tácticas y organización esta puesta en dirección a la mirada de los sectores más avanzados de la clase trabajadora para los objetivos del socialismo. Necesariamente, debe hacerse una clara demarcación entre un consistente acercamiento marxista con las ideas y métodos de la izquierda reformista y centrista que pueden desarrollarse en periodos de tensión social. Aquellos que desean seguir los pasos de los dirigentes del SSP estan en efecto sacrificando el futuro de la clase trabajadora con los éxitos a corto plazo obtenidos hoy.


Capítulo 7: Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional (SU-CI)

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En el plano internacional, el Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional (SU-CI) ha mirado en dirección al SSP que, cada vez más, responde a su propia visión política. Es la organización internacional identificada con el trotskismo más conocida. El SU-CI tiene una presencia considerable en Francia a través de LCR, aunque este no ha sido el caso en la mayoría de los países de Europa del Este. Porque las fuerzas de las diferentes “izquierdas revolucionarias” internacionales no es sólo una cuestión de su fortaleza actual sino de su potencial.


Y este potencial depende del análisis correcto del estado actual y de todas las conclusiones que la sociedad y la clase trabajadora estan sacando hoy. Cuando el número de una organización es de docenas, cientos, miles o millones la posición política es de vital importancia debido al efecto que el entendimiento y el análisis tiene de cara a los trabajadores y cuando la situación se agudiza, la visión de una organización se convierte en su premisa.


Seria criminal formar o mantener una organización de izquierda separada a menos que existan diferencias fundamentales que no pueden ser acomodadas dentro de ésta, mediante una unificación de diferentes organizaciones o tendencias con algunas difiriendo radicalmente de otras.


Al mismo tiempo un partido revolucionario no es la misma cosa que una formación transicional más amplia donde conviven diferentes posiciones políticas, organizaciones y tendencias, algunas difiriendo radicalmente de otras, pero que logran la colaboración y el trabajo conjunto.


La necesidad por la unidad viene de acuerdos básicos dentro de la clase trabajadora para combinar sus fuerzas contra el enemigo común, la clase capitalista. Es nefasto cuando algún partido político u organización política en períodos críticos cae en el camino de urgir la unidad a toda costa. Los marxistas siempre deben hacer causa común en particular con organizaciones afines que tienen raíces en la clase trabajadora, en acciones específicas, iniciativas del tipo frente único, etc. Pero esto no debe ocurrir a costa de sumergir o esconder las banderas, retardando o dejando de lado el programa del marxismo. El futuro de las diferentes “Internacionales” será determinado por el acercamiento político que se hace hoy y comprobar si sus ideas tropiezan con las necesidades de la situación actual.


Ni la TSI ni el SU-CI han brindado hasta hoy, un análisis marxista o trotskista de manera consistente acerca de la situación. El SU-CI reclama el linaje de Trotsky y es reconocida en los círculos “intelectuales” como representante del trotskismo ortodoxo. Pero lamentablemente ésta no ha sido la realidad, como se demuestra en el examen de los análisis y programa actuales del SU-CI.


Ser llamado Trotskista y defender la herencia de Trotsky, sus métodos de análisis y, en general, su actividad en el movimiento obrero no significa dar un cheque en blanco para aceptar todo lo que Trotsky planteó. Sin embargo, una reciente serie de artículos editados en la publicación internacional del SU-CI; “International Viewpoint” dedicados a Trotsky, muestra una serie de criticas y ataques a sus ideas y métodos. En lugar de identificar los errores que Trotsky cometió –que en vida él los admitió abiertamente- el SU-CI y sus actuales dirigentes lo acusan de errores en los que el revolucionario ruso nunca participó y condena sus puntos fuertes en lugar de los débiles. Haciéndose eco, quizá inconscientemente, de la crítica que los estalinistas lanzaron sobre la supuesta debilidad de Trotsky.


Capítulo 8 : Trotsky y el partido revolucionario

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Tomemos por ejemplo la cuestión sobre la necesidad de un partido. Francois Vercammen, Secretario del SU-CI escribió un articulo titulado: “La cuestión del partido: el punto débil de Trotsky”. Vercammen comenta: “Su punto débil fue el problema del partido... Trotsky no tuvo capacidad (1903-1917) o la oportunidad (después de 1917) de participar directamente en la construcción de un partido revolucionario en sus principales aspectos (sacando análisis generales y perspectivas), a saber, la elaboración e implementación de una línea política y tácticas concretas, un trabajo colectivo dentro de una dirección central, la construcción de un aparato político-organizacional y trabajo en común con otros militantes y dirigentes. Y en general la implementación de una dialéctica interna que priorizara la experiencia de los militantes del partido y la elaboración de una línea. Entre 1903 y 1917 habiendo roto con Lenin, no intentó organizar una corriente o un partido (confinándose a sí mismo a una actividad como periodista u orador)”5.


Una increíble incomprensión de la posición de Trotsky dentro del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR), una crítica hacia Trotsky que reflejaba el intento frustrado de la burguesía por una explicación “sociológica” de la revolución. Esto a su vez, es el reflejo de la difamación hecha por los estalinistas. La debilidad de Trotsky no es aquella puesta por Vercammen, es decir una incomprensión de la necesidad o del carácter del partido en aquella fase. La observación de Vercammen acerca de “análisis y perspectivas generales” ignora la mayor contribución de Trotsky al éxito de la revolución socialista, en su monumental trabajo, el libro “Resultados y Perspectivas”, en el cual explica y desarrolla la “Teoría de la Revolución Permanente”. En esta, Trotsky, anticipa correctamente todas las fuerzas envueltas en la primera y segunda Revoluciones Rusas y, en particular, el papel decisivo de la clase trabajadora como fuerza principal en alianza con el campesinado, que le permitió a ésta la toma del poder en octubre de 1917.


El error de Trotsky –admitido abiertamente por él, en su “Diario en Exilio” - no fue la cuestión del partido, la necesidad de dicho partido o el carácter de tal partido, etc., sino su “conciliacionismo” o su esperanza de una reconciliación entre Bolcheviques y el Mencheviques, de 1907 a 1912. Él esperaba que, como en la revolución de 1905, Bolcheviques y Mencheviques se verían obligados a unirse debido a la presión de las masas y en esta posición no estaba solo. Las filas del partido Bolchevique pusieron tanta presión sobre Lenin que en varias ocasiones entre 1906 y 1912 fue obligado a iniciar negociaciones para la unidad con los mencheviques. Además, Bolcheviques y Mencheviques estaban unidos en organizaciones comunes en varias partes de Rusia (excepto Petrogrado), hasta septiembres de 1917.


A diferencia de estos singulares “bolcheviques”, Trotsky nunca tuvo ilusiones políticas en los mencheviques, al contrario, divergió radical y agudamente con sus programas y perspectivas políticas. Por lo tanto, en la caracterización política de los mencheviques, Trotsky estaba junto a Lenin. Reiteramos que donde Trotsky erró no fue en la cuestión del partido si no en la ilusión de que, bajo la presion de las masas, ambos brazos del POSDR serían obligados a juntarse aceptando los principales lineamientos en su aproximación a la revolución, principalmente sobre la revolución permanente y la estrategia y táctica que surgiría de esto. Lenin, por otro lado, entendió primero y más claramente que los Mencheviques ya se habían acercado a las concepciones de la pequeña burguesía y de la burguesía en torno a la revolución que venía.


A pesar de esta percepción de Lenin, Trotsky estuvo más certero en su análisis de la revolución y, particularmente del análisis de la clase trabajadora como principal agente conductor en la toma del poder del proletariado; atrayendo tras de sí a las masas campesinas. Es un hecho histórico que Lenin en efecto abandona la 'formula algebraica' de la “dictadura democrática del proletariado y del campesinado” después de la Revolución de Febrero, y en la práctica adopta totalmente la posición de Trotsky.


No había ninguna diferencia fundamental entre Lenin y Trotsky en sus aproximaciones, tácticas, estrategia, etc. para la revolución. Lo mismo no puede ser dicho de Stalin, Kamenev o Zinoviev. Vercammen escribió, absurdamente que: “Fue la determinación de Lenin en conectarse con el movimiento real en Rusia, combinado con la sucesión de coyunturas socio-políticas complejas, lo que creó y arraigó al partido Bolchevique en la sociedad (urbana) Rusa. Esta fue la política de Lenin que fue determinante y no su 'concepción' del partido, como es comúnmente comprendido (Centralismo Democrático, Programa General)... Fue la debilidad de la política de Trotsky la base de su derrota a nivel organizacional. Se puede seguir esto de la siguiente manera: antes de 1917, su capacidad extraordinaria por comprender el significado en las tendencias de la época y de esbozar perspectivas estratégicas no le permitieron desarrollar una política revolucionaria (él fue incapaz o estuvo poco dispuesto a crear un colectivo militante). Su debilidad en el partido esta localizada en este marco.”


Sostenemos que Trotsky en vez de Lenin tuvo perspectivas más claras de las fuerzas y de los efectos de la Revolución Rusa. Vercammen alaba la política razonablemente correcta de Lenin con relación a 1917- pero todavía habla de la “debilidad política de Trotsky”. Y todo esto, que durante mucho tiempo hemos defendido contra los Estalinistas, es parte de una llamada “defensa” de Trotsky!


Las raíces de este reciente criticismo en torno a los llamados errores de Trosky vienen de la propia incapacidad del SU-CI de construir organizaciones importantes en el pasado. Vercammen habla sobre los errores de su propia organización en 1965-68, y compara esto al período que va de 1895 a 1914, cuando Lenin fue capaz de establecer las líneas del partido revolucionario que maduró y tomó el poder en octubre 1917.


Lamentablemente, Vercammen no comprende el carácter general del periodo de 1965-68 y sus diferentes coyunturas. El Estalinismo y la Socialdemocracia, argumenta él, comenzaron a “desintegrarse” en el periodo previo a los eventos de Mayo de 1968. Pero esta afirmación es falsa; las organizaciones reformistas y la conciencia que la acompañaba todavía en general mantenían un dominio en las mentes de las masas en aquel periodo. Para nosotros, como marxistas, los partidos de masas estalinistas y socialdemócratas eran factores objetivos, que sólo podían ser superados por los eventos.


Esto fue lo que aconteció hasta cierto punto en los revolucionarios sucesos de mayo-junio de 1968 en Francia. Sin embargo, la ausencia de un partido revolucionario de masas y dirección en esos momentos permitió que el estalinista Partido Comunista francés y los “Socialistas” reformistas tomaran el control y arruinaran el potencial revolucionario.


En Inglaterra, durante los años 70 y 80, la organización Militant (precursor del actual Partido Socialista) realizó grandes avances en Liverpool y en la lucha contra el poll tax. Como hemos explicado antes, lamentablemente el promisorio inicio para la construcción de un partido revolucionario fue atravesado por el “boom” de los 80 y claro, por el colapso del estalinismo.


La reinterpretación de Vercammen del papel de la llamada debilidad de Trotsky en los problemas de organización y del partido, etc., combinado con una sublime crítica política esconde un acercamiento impaciente al problema de levantar la construcción y el delineamiento de un partido.


Este acercamiento involucra la tarea de entender los diferentes estados y niveles de comprensión por los cuales atraviesa la clase trabajadora. Y esto quiere decir estar preparados para “nadar contra la corriente” en ciertos periodos, con el riesgo de ser acusados de sectarismo.


Pero también significa armar los cuadros de la clase trabajadora, enraizando el partido en los márgenes y en las organizaciones de la clase trabajadora –sindicatos, organizaciones sociales, etc.- aprovechando las oportunidades para crear una base de masas o parcialmente de masas cuando estas se presenten.


Increíblemente, Vercammen acusa a Trotsky de ser “indeciso y confuso (incluso después de 1905) sobre el problema del apoyo electoral a la pequeña burguesía”, evitando cualquier esfuerzo por explicar que quiere decir Vercammen con esto.


Sin embargo cuando llega a la cuestión del campesinado, ataca a Trotsky y de esta forma a uno de los principales elementos de la Teoría de la revolución Permanente de Trotsky; Vercammen argumenta: “En 1906 y en los años que siguieron, él se conforma con dos generalizaciones teóricas que traducen todos los prejuicios del marxismo europeo de aquella época (post-Marx); Históricamente el campo sigue a la ciudad y el campesinado al proletariado (industrial, urbano) porque al mismo tiempo el campesinado es incapaz de seguir una línea política autónoma y crear una organización independiente”. Aquí Vercammen también se hace eco de la crítica estalinista y de los recientes teóricos `estalinistas` del Partido Social-Demócrata de Australia, argumentando que: “Trotsky no contempla, como Lenin, la construcción de una alianza real de trabajadores y campesinos, con todas sus demandas. Por su carácter abstracto, la teoría probó ser una verdadera trampa para Trotsky”6. Esto es un simple eco del repetido argumento estalinista sobre la subestimación de Trotsky del potencial revolucionario del campesinado.


Capítulo 9: La Revolución Permanente

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Un punto similar es tratado por Michael Lowy en International Viewpoint, supuestamente en defensa de la revolución permanente. El autor escribe: “La teoría de la revolución permanente fue verificada dos veces en el curso de la historia del siglo XX. De un lado, por los desastrosos resultados del etapismo y la aplicación ciega de los partidos comunistas en los países dependientes de la doctrina estalinista de la revolución por etapas en bloque con la burguesía nacional, desde España en 1936 a Indonesia en 1965 o Chile en 1973”7.


Michael Lowy continua, diciendo que la teoría fue verificada también de otra forma; “Esta teoría, desde que fue formulada en 1906, nos permitió predecir, explicar e iluminar ampliamente las revoluciones del siglo XX, que fueron todas revoluciones permanentes en los países periféricos. Lo que sucedió en Rusia, China, Yugoslavia, Vietnam o Cuba corresponden en general a la idea planteada por Trotsky: La posibilidad de una revolución combinada e ininterrumpida –democrática y socialista- en un país de capitalismo periférico, dependiente o colonial. Pero a pesar de todo, los dirigentes de los movimientos revolucionarios después de Octubre de 1917 no reconocieron el carácter permanente de estas (con algunas excepciones, como Ernesto Che Guevara) o lo hicieron empleando una terminología distinta y en ningún caso haciendo una relación histórica efectiva...”


“Hoy como ayer, las transformaciones revolucionarias que estan en la agenda de las sociedades de la periferia del sistema no son idénticas a aquellas de los países centrales. Una revolución social en India no puede ser, desde el punto de vista de su programa, su estrategia y sus fuerzas motoras una pura revolución de trabajadores como en Inglaterra. El papel político decisivo –ciertamente no contemplado por Trotsky- ejercido en varios países por parte de los movimientos indígenas y campesinos, como el FZLN en México, el MST en Brasil, o CONAIE en Ecuador, demuestran la importancia y el potencial de explosión social que significa la cuestión agraria y su estrecha relación con la liberación nacional”8.


Ambos puntos estan completamente errados; Primero, Trotsky comprendió la importancia de movilizar al campesinado, particularmente en Rusia donde el proletariado era minoría. Y estaba en lo correcto al comprender que el campesinado era heterogéneo e incapaz de llegar y mantener el poder independientemente. En cierto modo, Lowy esta en lo correcto al decir que la teoría de la revolución permanente fue sustentada por las victorias de la revolución en China, Yugoslavia, Vietnam y Cuba. Pero estas victorias fueron tales, no en el sentido clásico planteado por Lowy, sino como una verdadera caricatura.


A diferencia de Rusia en 1917, la clase trabajadora no toma el poder directamente, ni establece organizaciones independientes de los trabajadores, como soviets, etc. Movilizando al campesinado en la Revolución China, un grupo Bonapartista liderado por Mao Zedong fue capaz de tomar el poder equilibrándose entre las clases y construyendo un estado que desde el inicio fue un régimen a imagen y semejanza de la Rusia estalinista.


Esto no es reconocido en los análisis del SU-CI y el proceso que llevó a la creación de estos estados. Debido a esto, ellos han cometido errores fundamentales en torno al problema del campesinado. Como demostraremos en el próximo capitulo, para el SU-CI esto resultó en enormes y numerosos errores en el pasado, que tienen que ver con el problema de las tácticas de guerrillas, el papel del campesinado en la revolución, etc, y que llevó a esta organización a apoyar aventuras guerrilleras en Uruguay y Argentina, donde los mejores sectores de la juventud y de la clase trabajadora fueron sacrificados en un conflicto militar estéril con el Estado. También dieron un apoyo acrítico al IRA en Irlanda, entre otras aventuras.


Desafortunadamente el SU-CI no aprendió de sus errores, como ahora vemos ejemplificado en los comentarios de Lowy y la posición de Trotsky en relación al campesinado, diciendo: “La principal limitación del análisis de Trotsky es de naturaleza “sociológica” en lugar de estratégica al considerar al campesinado principalmente como un “soporte” del proletariado revolucionario, como una clase de pequeños propietarios y cuyo horizonte no va más allá de las demandas democráticas. Tuvo problemas en aceptar, por ejemplo, un Ejercito Rojo Chino compuesto en su gran mayoría por campesinos. Su error –como muchos marxistas rusos y europeos- fue adoptar sin un examen crítico el análisis de Marx en el Dieciocho Brumario sobre el campesinado francés como una clase atomizada y pequeño burguesa, y aplicar esto a las naciones coloniales y semi-coloniales con características muy diferentes. Sin embargo, en uno de sus últimos escritos, Preconcepciones de la Revolución Rusa (1939) Trotsky argumentó que la apreciación marxista del campesinado como una clase no socialista nunca tuvo un carácter absoluto e inmutable”9.


Esta crítica hacia Trotsky se equivoca de principio a fin. Un correcto balance del campesinado entre pequeños propietarios, campesinos pobres y trabajadores sin tierra, que tienden a penetrar en las filas del proletariado difiere de continente en continente o de país en país. Sin embargo, la posición general marxista -y del propio Marx- acerca de su carácter heterogéneo mantiene su completa vigencia en relación al mundo neo-colonial de hoy. La brillante idea de Marx, que plantea que sólo la clase trabajadora organizada en grandes industrias, disciplinada por la fábrica y el lugar de trabajo puede desarrollar la cohesión social necesaria y, en última instancia, la conciencia necesaria para realizar una salida socialista ha sido sustentada en todas las revoluciones. Este fue el caso principalmente en la Revolución Rusa pero incluso también es aplicable a las revoluciones que no tomaron una forma 'clásica' como la China.


Capítulo 10: China, Yugoslavia y Cuba

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De hecho, los escritos de Trotsky sobre China, específicamente su caracterización del Ejercito Rojo de Mao Zedong en los años 30, fue brillantemente acertada. Planteando que éste fue el eco rural de la revolución obrera derrotada en 1925-27. Los ex comunistas que estaban dirigiendo ese movimiento, dice él, generaron durante un periodo cierta sospecha y hostilidad hacia la clase trabajadora, aunque fueran victoriosos y entrasen a las ciudades. Esto fue debido a que estaban condicionados a la existencia rural de las masas campesinas en las cuales se basaban socialmente. ¿Acaso no fue lo que aconteció cuando el Ejercito Rojo derrotó al Kuomintang y tomó las mayores ciudades de China? Antes de que ocuparan las ciudades hicieron un llamado para que las masas no se levantaran, advirtiendo que las huelgas podrían ser castigadas. No habían soviets ni organizaciones independientes de la clase trabajadora o incluso del campesinado en estos sucesos. Trotsky defendió la posibilidad que, como todos los movimientos campesinos a través de la historia, el Ejercito Rojo Chino podría obtener la victoria y derrotar al Koumintang pero permanecería dentro de la estructura del capitalismo. Esto podría resultar en la configuración de una nueva dinastía que llegaría a degenerar en un régimen feudal burgués, entonces el proceso de oposición revolucionaria campesina podría comenzar nuevamente.


Los eventos en China no ocurrieron de esta manera a causa del equilibrio de las fuerzas mundiales manifestadas en China. Crónicamente débil, la burguesía y los grandes propietarios de tierras salieron de China junto a los ejércitos derrotados de Chiang Kai Shek. El vacío que quedó fue ocupado por Mao representando a una camarilla Bonapartista y la cabeza de un ejército victorioso. Esta camarilla maniobró entre las clases pero es obligada por la presion desde abajo a tomar el camino de la expropiación a los terratenientes y del derrocamiento del capitalismo. En ninguna parte Trotsky escribe lo que Lowy sugiere; que el campesinado y particularmente las capas mas bajas; los campesinos pobres, etc., fueran impermeables a las ideas del socialismo.

Incluso durante la Revolución rusa, como John Reed plantea en su libro; Diez días que estremecieron al Mundo, los soldados campesinos contemplaban la Revolución de Octubre como el comienzo de un mundo nuevo y desde un punto de vista socialista. Además, hoy en varias partes del mundo colonial tal es la desesperación del campesinado con su pequeño e inviable pedazo de tierra, que la idea de cooperativas e ideas generales de 'socialismo' ciertamente pueden llegar a ser atractivas, principalmente cuando son defendidas por partidos con fuertes raíces en la clase trabajadora urbana e industrial.


Marx y luego Trotsky describieron las limitaciones del campesinado y su carácter disperso y estratificado como clase y que este no seria capaz de jugar un rol independiente. No obstante puede y debe jugar un necesario y vital papel en el apoyo al movimiento revolucionario industrial de la clase trabajadora urbana en la toma del poder.


Indudablemente, donde la clase trabajadora es minoría en la sociedad y ante un clásico levantamiento de la clase trabajadora, este debería ser complementado con una “segunda edición de la guerra campesina”, un movimiento de campesinos que incluso contenga elementos de guerrilla.


El CIT siguiendo el método de análisis de Trotsky realiza sin embargo claras diferenciaciones. Los métodos utilizados en el campo entre la población rural, como auxiliar al movimiento de la clase trabajadora en las áreas industriales, son diferentes de los métodos de lucha utilizados por los trabajadores.


Esto debería ser el ABC básico para los marxistas y en especial aquellos que reivindican el trotskismo. Lamentablemente el SU-CI sobre esto y otros asuntos es responsable de retrocesos teóricos. En la práctica este tipo de errores puede llevar a desastres en el futuro si una organización con esta posición tiene la intención de influir en el movimiento de masas.


Lo mismo se aplica a la caracterización que el SU-CI hace de lo que llaman “regímenes burocráticos”. Argumentando que siempre fueron críticos a regímenes como la Yugoslavia de Tito, Cuba, China, etc., esta critica sin embargo se hacia bajo el planteamiento que estos regímenes eran básicamente “estados obreros relativamente sanos”. Si existían elementos de “burocratismo”, estos eran del “mismo tipo” de distorsiones burocráticas como las que existían cuando Rusia era un estado obrero sano en el periodo 1917-23. Ernest Mandel, el antiguo líder teórico del SU-CI, argumentó insistentemente contra el CIT cuando discrepamos de este análisis10.


Nos opusimos, por ejemplo, a la teoría del SU-CI de que Tito era un “Trotskista inconsciente”, esta política involucraba el envío de “voluntarios” a Yugoslavia cuando Tito se enfrentaba a Stalin en 1949. Sin embargo Tito fue un estalinista nacional que había entrado en conflicto con el régimen de Stalin no por el carácter de su régimen (que de hecho había sido modelado en Moscú) sino como una expresión de la oposición nacional de la burocracia yugoslava ante el “gran hermano” en Moscú.


La misma aproximación fue adoptada por el SU-CI en el tiempo de la disputa Chino-Soviética a fines de los años 50 y principio de los 60. En aquel momento, Mandel creía que una “revolución anti-burocrática”, es decir una revolución política no era necesaria en China pues el régimen de Mao era un estado obrero relativamente sano con leves deformaciones burocráticas. Tal posición es insostenible hoy, dado las revelaciones y de hecho los crímenes cometidos por Mao y sus súbditos para suprimir las demandas de las masas chinas por derechos democráticos básicos.


En relación a Cuba, el mismo acercamiento erróneo fue empleado por los dirigentes del SU-CI. Esta revolución fue un enorme golpe para el imperialismo. El CIT, tal como el SU-CI, apoyó entusiastamente esta revolución. Reconocimos el impacto masivo que tuvo para el mundo y poderosamente para América Latina y el mundo neo-colonial. Sin embargo los orígenes de la Revolución Cubana fueron diferentes, en algunos aspectos, a los de la Revolución China, con el régimen de Castro ocupando y gozando de un aplastante apoyo popular.


No obstante los trabajadores no poseían y todavía no poseen medios para ejercer el control y el poder de manera independiente; no existió, ni existe el derecho a reclamar ante el gobierno, ni elecciones para elegir representantes genuinos de los trabajadores, no hay limites claros para la diferencia salarial entre aquellos que estan en las cúpulas y los trabajadores de base11.


Hemos defendido permanentemente a Cuba de los ataques del imperialismo, pero al mismo tiempo hacemos un llamado por la instauración de una real democracia de los trabajadores como la única garantía capaz de movilizar el apoyo –en la propia Cuba, en América Latina y a través del mundo- contra el terrorismo del imperialismo y sus intentos por retornar a Cuba al capitalismo.


Es incorrecto plantear hoy, como lo hace una resolución adoptada en el 15º Congreso Mundial del SU-CI en el verano del 2003, que plantea: “Nosotros siempre hemos combatido los regímenes burocráticos que se reivindican socialistas mientras mantenían regímenes opresivos contra el pueblo y los trabajadores en nombre de los derechos de auto-organización, de auto-determinación y de democracia de los trabajadores”. A pesar de parecer simple para los dirigentes del SU-CI concluir esto ahora, claramente no fue lo que aconteció en los casos citados arriba. Es más fácil, después del hecho, cuando el carácter de los regímenes se fue mostrando claramente burocrático, realizar este o aquel tipo de crítica.


El SU-CI, desde el inicio de la revolución cubana nunca tuvo un claro análisis trotskista, que incluía el apoyo a las medidas anti-imperialistas y anti-capitalistas tomadas por Castro y el establecimiento de una economía planificada con enormes beneficios para el pueblo cubano, comparado con el desacreditado régimen de Batista.

El SU-CI hizo esto, pero al mismo tiempo se rehusó a hacer un llamado por la construcción de soviets y todas las otras demandas esenciales para el establecimiento de un estado obrero sano y para dar inicio a un movimiento hacia el socialismo.


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